Los padres son verdaderos educadores de sus hijos y ejemplos de vida. Los padres tienen el deber y el derecho primario, esencial e insustituible, de educar a sus hijos. La relación de amor, de disponibilidad, desinterés y confianza con los hijos les obliga a asumir esta tarea. Por eso, no pueden delegarlo en otros, aunque si pueden buscar la ayuda de otros.
Por lo general, las madres son quienes más tiempo pasan con sus hijos y se abocan a su educación. Pero los papás deben involucrarse también en esta formación, por que el ser humano necesita para ser educado de ambos progenitores. La formación de los hijos es esencial; y ellos esperan que ambos padres se dediquen a educarlos.
La educación de la sexualidad forma parte de la educación integral del ser humano. Por lo tanto, educar la sexualidad de los hijos también es un deber y un derecho de los padres. El mejor lugar para esta educación es la familia, ya que es aquí donde se conoce a los hijos profundamente, es el lugar y el ambiente donde el niño debe sentir seguridad y confianza para preguntar, para que cuente sus cosas, y se sienta acogido porque sabe que es escuchado. Y así, con naturalidad y delicadeza, ser iniciado en el sentido profundo de la sexualidad al servicio del amor y de la vida.
Al ser la familia el mejor lugar donde se educa la sexualidad de los hijos, por el clima afectivo de seguridad y confianza, deja entrever que el momento de educar es el diálogo cotidiano: con respuestas a sus preguntas, con el ejemplo de vida y con la motivación de ciertas actividades. Es en el día a día donde se resuelven las pequeñas y grandes preguntas de los hijos. Los padres deben enfrentar con decisión y claridad las conversaciones planteadas respecto a este tema. Por eso, deben tener claro que aquello que se rehusa explicar en el momento en que ellos lo piden, les deja un vacío que va a ser llenado por la educación paralela (amigos, internet, videos, etc.); información proveniente de distintos lugares y personas ajenas que suelen generar errores o concepciones deformadas de la sexualidad.
Los padres deben transmitir sus convicciones morales, su escala de valores y las conductas acertadas en materia de sexualidad, reconociendo que la coherencia entre las palabras y la conducta es lo que da credibilidad a sus enseñanzas. También deben exigir que la educación sexual que reciban en la escuela respete sus valores y creencias, informándose adecuadamente del contenido y los objetivos o metas de la misma.
Sabemos que la formación de nuestros hijos en este aspecto es fundamental; su salud y felicidad, y la realización de sus proyectos e intereses en la vida futura también depende de ello.
