En la hora actual, se organizan y concretan hechos sin tener en cuenta que el efecto de los mismos caerá sobre los niños de hoy en pocos años. Sería justo -entonces- no tomar medidas que luego producirán consecuencias en la generación que sigue. Ello constituiría un acuerdo básico a favor de la niñez presente.
En la semana pasada se pudieron observar las duras posiciones gremiales docentes -con frecuentes declaraciones de sus dirigentes- que por su dureza no fueron entendidas ni asimiladas por los chicos que con más o menos inquietud, y después de unas largas vacaciones, querían volver al aula.
Las protestas tocaron a los padres, sí, que este año han tenido que preocuparse mucho por el costo de los útiles escolares; ellos tienen una idea formada de esos forcejeos pero en su gran mayoría no pueden opinar públicamente.
Uno se debería preguntar si esa situación generó una falta de confianza de los padres hacia los docentes (no todos hacen la distinción de quienes son gremialistas) Es muy posible que se deteriore la confianza porque ella es una cualidad de las relaciones y, como tal, se manifiesta entre personas. No hay contratos de por medio.
Es cierto, también, que cuando la gente, en general, se refiere a la actividad educativa, dice genéricamente la escuela, o la educación, o las autoridades que quienes no están en el tema se explayan sobre "lo inoportuno" de los gremialistas que exigieron intransigentemente justo antes de que las clases comiencen.
La causa está a la vista. Se exige antes del comienzo de las clases por estrategia sin darse cuenta que ésta se convierte en perversa porque afecta directamente a los niños y adolescentes y a los padres. Ello no debería ser ignorado.
Está a la vista cómo los gremios forcejean con las autoridades. Y forcejear tiene dos significados académicos: hacer fuerza para vencer una resistencia y oponerse con fuerza, contradecir tenazmente.
¿Es posible que los contenidos de estas definiciones -que por otra parte se ajustan a la realidad- sean pasados por alto por quienes han elegido para vivir el camino de la enseñanza? Aclaremos que éste enfrentamiento se dio con la enseñanza pública.
Así se fragmenta el sentido de la legalidad. Todos tienen derecho al reclamo pero debería reclamarse con sentido de oportunidad, aplicar la habilidad en la acción con un respeto absoluto por los límites de cada sector. Las reales soluciones de la vida -personal o profesional- devienen de posiciones auténticamente claras. Lo contrario es -sin dudas- fragmentar la legalidad.
Hay problemas graves. El mundo enfrenta una crisis económica global y la Argentina tiene una crisis que la lleva casi aceleradamente hacia la negada inflación, hecho demostrado públicamente por reconocidos economistas.
Ello lleva a una pregunta ¿se puede ocultar lo que existe? Sólo por una rato porque lo que existe es -antes o después- concluyente y decisivo. Este fenómeno se ve frecuentemente en los encuentros y desencuentros políticos.
Y, en estos procedimientos que tienen mucho de política y poco o nada de educación, pueden frustrarse tempranamente las condiciones que inducirán al niño hacia una correcta vida de relaciones.
No olvidarse que Sigmund Freud dijo refiriéndose a la construcción de la vida "digánme como fue una persona desde el nacimiento hasta los siete años y yo les cuento el resto". Ese es el tiempo que necesita el cerebro humano para formarse.
Ello hace que el compromiso de la familia y la escuela con el niño sea lo más importante que va a suceder en la historia de cada ser humano, algo que a menudo se pasa por alto.
Las familias con sus múltiples compromisos para mantener el hogar, la escuela con ese lastre de enciclopedismo que limita la enorme creatividad que hay en los niños para descubrir por sí mismos algunas verdades, limitan posibilidades.
Este análisis que debe ser profundizado porque este es pequeño, permite descubrir la importancia de la niñez en lo que va a ser después la historia de una vida, desde el nacimiento a la muerte.
Por ello, más atención a lo que atente contra la niñez porque atenta contra la vida individual y colectiva. La venta de alcohol y de drogas debería ser penada pero hasta el momento se sabe de chicos -algunos de muy corta edad- arruinados por el paco, por ejemplo, sin que se advierta ningún seguimiento por parte de las autoridades correspondientes.
Si se quiere trabajar de verdad por los niños, hay que empezar por los flagelos mencionados. Hay que dejar de entregar vidas al vicio.
