Se les enseña a vivir, y sobre todo a vivir con afecto recibiéndolo y ofreciéndolo. Esta frase no está escrita en un libro de aforismos. Es simplemente una concepción acerca de la educación infantil: el jardín de infantes. Hace algunos años se ha incorporado al ámbito de la enseñanza una zona cada vez más importante desde el punto de vista de la educación base de los pequeños de cuatro o cinco años aproximadamente. No se trata de que un jardín de infantes sea exclusivamente algo así como una ‘guardería’, un lugar donde los niños pasan su tiempo porque los padres, debido a sus obligaciones laborales o de otra índole, no los puedan dejar solos en sus hogares. Y en el mismo momento en que el lector se impone de estos conceptos, una marejada de pequeños con guardapolvos de algún color invade alegremente (otros no tanto) una casa perfectamente adaptada para tal fin, imponiendo al rato, el espectáculos de sus juegos, cantos y espontáneas demostraciones vitales. En general en estos lugares se logra que esos cuerpecitos jueguen, sean felices y aprendan. Esta concepción pedagógica está orientada a rescatar de los chicos sus emociones y afectos, más que el aspecto intelectual o competitivo. Creo no exagerar cuando escribo que en estos lugares se juega a la vida, porque en los pocos años en que el niño asiste, va adquiriendo una experiencia vital que le permitirá después ingresar a la escuela primaria como a un lugar familiar, porque ha sido preparado para entrar allí naturalmente y sin recelo. El jardín de infantes es como un mundo de juguetes: se preparan obras de teatro, que hasta las maestras se ponen ropas para representar distintos personajes, y en ocasiones participan también los padres, con quienes mantienen un diálogo fluido, y cuya base fundamental es la comprensión y la tolerancia ante los problemas de la vida diaria. Se incluyen visitas a los periódicos mostrando y explicando sus distintas secciones, hipermercados, plazas, el nunca bien ponderado cuartel de bomberos y numerosos lugares que puedan resultar de interés. En muchos casos, todo o casi todo puede verse desde la vereda de los juegos infantiles, adornos hechos primorosamente con coloridas cartulinas, figuras aludiendo una fecha patria, en cuyo caso se verán figuras alusivas y en el que abundarán los colores celeste y blanco con carteles en los que se leerá ‘¡Viva la Patria!’, o para el día de la madre, donde la frase ‘¡Feliz día mamá!’ nunca faltará. Aunque no faltará tampoco algún llanto motivado vaya a saber por qué. Una ronda de pequeños, una mesita y sentados a su alrededor tratando de esbozar alguna figura… Ha terminado la clase: los padres, hermanos, tíos o abuelos los han ido a buscar o esperan ansiosos hasta que salgan. Sus rostros se iluminan con una sonrisa cuando los ven en la puerta. Jardín de infantes, donde la inapreciable labor de una maestra jardinera tiene la oportunidad de volcar a los niños, todo el amor que lleva en su corazón.