Para festejar el Día del Urbanismo que se recuerda hoy, instalo los denominados nuevos fenómenos urbanos, sin consideración alguna en nuestra ciudad. Reitero el de periferización interna urbana, consistente en la persistencia de áreas pericentrales degradadas, las que poseen todas las redes infraestructurales, equipamientos y servicios de interés, y habitada por antiguos residentes de ingresos medios bajos. Este fenómeno es intenso en el área comprendida entre Av. de Circunvalación y la Central, como Trinidad, Villa del Carril, Concepción, Santa Lucía, entre otros.

Por gentrificación urbana entiendo al desplazamiento de actuales residentes de un fragmento urbano obsoleto por otros de mayor estrato socio económico. Este fenómeno está íntimamente asociado con los proyectos de renovación, recuperación y reconquista, espontáneos y/o planificados, de las áreas con periferización interna, y altera el ambiente social de toda ciudad.

Los estratos medios altos y altos de la sociedad latinoamericana continúan prefiriendo vivir en la periferia externa de la ciudad. Provocan la extensión indiscriminada poniendo en crisis a toda ciudad oasis, dado que exigen: ensanche y prolongación de redes viales e infraestructuras básicas, nuevos servicios y equipamientos, y pérdida de suelos agrícolas. Resalto la paradoja implícita: mientras el crecimiento expansivo continúa sin límite alguno, se ignoran totalmente los posibles proyectos de renovación urbana de fragmentos con periferización interna. Luego, la ciudad crece sin rehacer ciudad sobre sí misma, sin aprovechar mejor lo que tiene y, lo más penoso, sin que sea considerada desde una visión holística y equilibrada entre lo físico espacial y lo social, económico y político. Advierto que este crecimiento indiscriminado en los bordes externos conduce a una mayor dependencia del automóvil y ésta al aumento de tránsito, empeorando la congestión existente y poco tratada.

Por años se consideró a la gentrificación espontánea como un hecho negativo por su ser expulsora del estrato social más vulnerable. Dicho desalojo es provocado directamente por el aumento del valor del suelo, impuestos y servicios adecuados a los nuevos habitantes con mayor capacidad económica, modificando sustancialmente el estilo de vida del fragmento renovado. Entre las causas de este fenómeno, cito: la estructura interna de las ciudades no renovada, los actuales patrones de segregación residencial y, especialmente, las fuerzas del mercado por medio del accionar de sus "desarrolladores”. Todo conduce a una ciudad con exclusión o, mejor dicho, sin inclusión social de todos los estratos socioeconómicos de su población.

F. Sabatini reconoce ciertas ventajas en este proceso de gentrificación espontánea: el ingreso de nuevos habitantes a la periferia interna de la ciudad reduce la segregación por la mixtura de estratos sociales. Estas nuevas personas inducen a renovar su entorno de lo cual se benefician las actuales residentes. Pero no siempre es así, la mayoría de esta población se autoexpulsa por su incapacidad de pago de todas estas mejoras, lo que amenaza e impide la integración social urbana y conlleva a la aparición de otro fenómeno: la fragmentación social. Esta expulsión es producto de los emprendimientos privados y del Estado también, cuando éste erradica villas y localiza a sus personas en terrenos solo elegidos por el menor valor del suelo. Luego, ambos actores construyen fragmentos de segregación y marginalidad, los que atentan a la calidad de vida de los personas, la educación y salud, el trabajo, la delincuencia, produciendo la exclusión del individuo en la sociedad.

Propongo que la manera de hacer ciudad sea vía proyectos de renovación y recuperación de aéreas con periferización interna, tanto la central como sus adyacentes, integrando sus actuales residentes con otros nuevos. En estos casos, el Estado debe conducir y guiar estos proyectos, apropiarse del plusvalor que generan y con esos recursos materializar la nueva ciudad renovada. Considero una manera óptima de inducir a los habitantes de estratos medios y medios altos a volver al centro, enriquecer la vida urbana, permitir realizar actividades a distintas horas y colaborar con el control social de la zona.

Cuando los "desarrolladores” privados persisten con sus ofertas en la periferia externa urbana, el Estado debe velar para que ellos mismos asuman los costos económicos y sociales de dicha extensión. Actualmente, tales costos son absorbidos por toda la sociedad sanjuanina, con beneficios solo para pocos.

Desde la aceptación de la integralidad de todos los nuevos fenómenos urbanos, afirmo que es una oportunidad excepcional hacer una ciudad humanizada, tal como lo expresa Jaime Lerner. Conducirá a que nuestra ciudad cuente con exitosas Políticas Urbanas de Integración Social a mediano y largo plazo. Desde el hacer ciudad apropiadamente también se logra, previa superación de la visión cortoplacista vigente.

(*) Arquitecta Urbanista Docente FAUD-UNSJ.