Los maestros pasaron del prestigio social a la falta de deseo de enseñar; de apóstoles a trabajadores de la Educación. Los cambios sociales llevaron al aula problemas diversos. Los docentes buscan recuperar la alegría de su profesión y apuestan a la formación y capacitación para abordar los desafíos. Los docentes reconocen y enumeran en detalle los diferentes problemas que enfrentan en las aulas, derivadas del contexto social y del propio trabajo.

La falta de reconocimiento de autoridad, las protestas de padres y alumnos, se revelan como caras y contracaras de la sociedad que expande la realidad. ¿Cuáles son las transformaciones visibles entre el docente de ayer y el de hoy?
Antes el docente se autoestimaba, sentía que su profesión y su trabajo eran valiosos socialmente. Hoy eso le resta identidad a su valor social. No se le reconoce autoridad y nadie puede tenerla si no se plantea que es un necesario aporte a la transformación de la realidad, ese es el rol del docente. Es común que las referencias a este tema sean hechas en términos de problema, de falta, de carencia. Los docentes son impugnados y presionados en términos de una crisis que afecta el ejercicio de su autoridad. Hay diversos factores que pueden estar motivando este fenómeno a partir de una representación dominante del lugar social de las figuras docentes que antes eran reconocidas legítimas en su función ordenadora o disciplinadora, desde la escuela, y hoy no responden a esta asignación.
La profesionalización de los docentes pasa por la posibilidad de crear alternativas válidas para la acción, por supuesto a partir de una sólida fundamentación teórica, las que Gimeno Sacristán denomina "esquemas prácticos". Entre esos esquemas prácticos el docente desarrolla formas de negociación y de acuerdo con los alumnos, aun desde muy pequeños, que le permite ejercer su autoridad "sin autoritarismo". Esto es, maneras de regular la actividad de aprendizaje y la convivencia que se basan en el reconocimiento de cada uno -docente y alumno- como sujeto de derechos y responsabilidades, pero en la asimetría de una relación en la que resulta indispensable legitimar al educador desde su lugar de profesional.
Ante este oscuro panorama adquiere importancia preguntarse por los nuevos desafíos que deberá enfrentarse, y pese a lo complejo e incierto de dicho ejercicio resulta indispensable que los maestros asumamos con compromiso la tarea de repensar el sentido y la función de la escuela en la época actual. Para ello, ponemos a discusión ocho posibles desafíos de los docentes: 1ro- Privilegiar el desarrollo frente al aprendizaje. Como afirmamos en la introducción, hoy en día las redes sociales constituyen inagotables memorias sociales externas al individuo y la necesidad de disponer de estas para comunicarnos. 2do- Abordar al ser humano en su complejidad (diversidad e integralidad) la nueva escuela del siglo XXI tendrá que contribuir a desarrollar las diversas dimensiones del estudiante. 3ro- Priorizar el trabajo en competencias básicas. Las competencias deben ser entendidas hoy en día como aprendizajes integrales, generales. Las competencias implican de esta manera un saber hacer, un saber sentir y un saber pensar; y sólo se es competente cuando acompañamos la comprensión de pasión y acción, cuando logramos niveles de idoneidad en ello y cuando podemos, como explicaba Davídov (1988), operar con los conceptos adquiridos en contextos diversos. 4to- Hay que desarrollar mayor diversidad y flexibilidad curricular en la educación primaria. Hoy los individuos estudian a sus propios ritmos y en sus propios espacios y tiempos. 5to- La formación de individuos más autónomos. Por ello, la escuela se enfrenta al reto de formar individuos que estén en capacidad de tomar todas y cada una de estas decisiones de manera responsable. 6to- Favorecer el interés por el conocer. No tendría sentido una propuesta educativa que no definiera y defendiera una acción clara y deliberada por favorecer el interés por el conocimiento. Es lo que garantiza que lo enseñado siga vivo aun después de salir del salón de clase, es lo que permite que el conocimiento engendre más conocimiento. 7mo- Favorecer la solidaridad y la diferenciación individual. El individualismo es así un sello característico y dominante de la sociedad occidental actual. Sin embargo, la preocupación por los demás es también una tendencia natural del ser humano. Decía Voltaire, que fuera de la colmena, la abeja es tan sólo una mosca. 8vo- Desarrollar la inteligencia intra e interpersona. Como dijimos al comienzo de estas reflexiones, los seres humanos piensan, aman y actúan, según la sabia expresión de Wallon (1987). Ya hemos dicho que en el pensar existen serísimas dudas sobre los niveles alcanzados por los estudiantes al privilegiar la escuela actual lo específico sobre lo general, el aprendizaje sobre el pensamiento y la memoria de corto plazo frente a la memoria semántica. Pero si ello es así a nivel cognitivo, en el sentir y en el amar no existirían dudas sobre el poco impacto que hasta el momento ha logrado la escuela; y no existen, porque triste y desafortunadamente hay que decir que la escuela actual no nos ha formado valorativamente.