Si hay que sintetizar las consecuencias de los violentos disturbios generados el domingo pasado por inadaptados mezclados en la muchedumbre que concurrió al Obelisco porteño para celebrar el subcampeonato en el Mundial de Brasil, se podría decir que no ha pasado nada. Son las respuestas de las actuaciones de la justicia y de las palabras del secretario de Seguridad de la Nación.

Por un lado, el juez correccional Omar Fente, que intervino en la investigación de los graves incidentes en la Plaza de la República, dispuso liberar a decenas de imputados, 48 horas después de los desmanes. El resto del centenar de detenidos lo siguió después de constatar sus antecedentes penales y la acreditación de domicilio. No hubo otra explicación oficial ni tampoco se conocieron los hombres de los vándalos, no obstante trascender que varios tienen vinculaciones con barras bravas de diferentes clubes porteños.

El Ministerio de Seguridad informó que diseñó un plan que previó lugares donde podían actuar los violentos, para separarlos de las personas que deseaban festejar en paz el subcampeonato de la FIFA. según afirmaron voceros del área. Más preciso, en cuanto al éxito del operativo policial, fue el secretario Sergio Berni, que lo calificó de "impecable”, no obstante los saqueos de los depredadores contra bienes privados y públicos, más los ataques a efectivos de la federal.

A juicio del funcionario, el accionar de la policía "fue perfecto” porque no hubo muertos y heridos -como ocurrió en los festejos alemanes- y minimizó los saqueos en 26 comercios con pérdidas millonarias por daños y robos, más los días de inactividad hasta reparar sus instalaciones y reequiparse. Se sumaron la destrucción de once semáforos, de tres estaciones de Metrobus, contenedores de residuos, macetones, pantallas de información, el levantamiento, rotura de adoquines y baldosas usados como proyectiles y hasta se arrancaron algunos árboles pequeños cuando arrasaron los canteros.

Todavía no se calculan los daños, como tampoco se conocen las razones de la rápida liberación de los vándalos detenidos infraganti como si no pesaran sobre ellos varias figuras penales, según lo observado en las imágenes televisivas en directo.

Es la misma política permisiva que alienta los piquetes como método de protesta social mientras, se mira para otro lado buscando a terceros como supuestos instigadores en este clima de inseguridad y desprotección a pesar de las garantías republicanas.