José Luis Gioja está lúcido y preparándose físicamente para volver, lo mismo que el Gobierno de San Juan para recibirlo. Nada mejor para graficar esta afirmación que la imagen que ilustra esta nota. En el entorno del mandatario dicen que quiere estar en la Fiesta Nacional del Sol el mes que viene. Aseguran también que tendrá poco contacto con los medios y que a su llegada habrá sólo una pequeña conferencia de prensa. Hay gente que quiere darle una bienvenida con bombos y platillos, pero hay otros que piden prudencia. Gioja se anota en el último grupo. Hasta ahí las certezas, no más. Es que el tiempo de recuperación física del Gobernador es una incógnita en sí misma y, por ello, no está claro cómo ni cuándo resolverá, por ejemplo, su nivel de participación en un Gobierno que está acostumbrado a funcionar empujado por un solo hombre. El vicegobernador Sergio Uñac dice que por ahora no es momento de hablar de esos temas ya que Gioja todavía no está en la provincia. Y el mandatario tampoco dejó trascender nada, y podría hacerlo, ya que está en contacto permanente con el Vice y con otros pocos funcionarios. Incluso el sábado por primera vez fue Gioja quien se comunicó con Uñac desde su propio teléfono (ver página 9). Con esas pocas certezas, hay muchos desafíos que el mandatario deberá ir enfrentando a medida que pasen los días y su salud se lo permita. En estos meses de ausencia los asuntos de Gobierno se han resuelto, pero en materia política poco se estuvo haciendo, más que nada por prudencia y respeto hacia el Presidente del PJ. Eso generó diferencias que, a hoy al menos, suenan irreconciliables y que Gioja, si quiere, deberá destrabar para seguir adelante con los mismos nombres. En materia económica no se está viviendo el mejor momento, aunque tampoco es el San Juan de 2002 o 2003. Son tiempos de cambios a nivel político e institucional en el país, y Gioja sabe que será vital su presencia mientras el huracán arrecie. Todos esperan maravillas de su cintura política, la que por estas horas intenta reforzar.

Hay problemas que no se resuelven, porque es probable que nunca se resuelvan, como la minería. Si bien Veladero, Gualcamayo y Casposo están funcionando y siguen aportando para que San Juan sea mucho más de lo que era hasta antes de la minería metalífera, el gigante Pascua-Lama ha metido un freno que parece duradero. Nadie sabe qué pasará en marzo o abril cuando acabe el acuerdo entre el Gobierno provincial y la minera canadiense para mantener 3.500 puestos de trabajo. Hoy, dicen los interesados, sólo 1.000 están trabajando. ¿Y el resto? Según fuentes del sector hay 2.500 obreros que cobran un salario pero que están en sus casas, ni más ni menos. En Gobierno no quisieron confirmar esa versión, aunque no la descartaron tampoco. ¿Hasta cuándo se podrá sostener esa fantasía? Los únicos que pueden responder esa pregunta son los ejecutivos de la minera, que no quieren ni oír hablar del tema. Claro, ese acuerdo es mucho mejor que dejar sólo 700 obreros como pretendía la empresa en noviembre del año pasado.

Más allá de la minería, Gioja llegará a San Juan en medio del mayor paro médico decretado por el sindicato que nuclea a esos profesionales. La Salud Pública es un tema por el que el mandatario consiguió millones. Confió en el ministro Oscar Balverdi para desenmarañar la pelea con los médicos, pero parece que el funcionario dejará esa materia pendiente. En el Gobierno no lo culpan porque dicen que el Sindicato no aspira a ningún acuerdo y sus integrantes sólo quieren destruir. Hay que preguntarle a las personas que se quedaron sin atención o que debieron reprogramar sus cirugías por las asambleas y los paros, qué piensan de eso. Se vienen paritarias salariales, se vienen los reclamos de los docentes, y hay que observar con atención lo que hace el Gobierno nacional con el dólar, maniobras que impactarán de lleno en el bolsillo de las personas. Es decir, nada es color de rosas por estos días.

Tomala vos, dámela a mí


Gioja y Uñac hablan seguido. Tanto que el Vice no quiso avanzar en nombrar a nadie en la Secretaría de Seguridad y en el Hospital Guillermo Rawson, puestos vacantes luego de las tormentosas salidas de Ángel Riera y Armando Rosales respectivamente. No se lo pidió Gioja y tampoco es que el Vice no se anime. Consideró Uñac que es el Gobernador quien debe nombrar a su gente. Sí puso el gancho en la cúpula de la Policía, pero porque sin sus jefes la Fuerza no puede funcionar y hubiese sido un descalabro que nadie se hiciese cargo.

En los meses que van desde el accidente, Uñac no se escondió, pero porque no podía hacerlo. De haberse escondido, no sólo habría pagado él un costo político, la provincia también hubiese sufrido el drama de no haber resuelto sus problemas. Y eso, dicen los funcionarios, cosechó algunas rispideces. No se sabe por quién va a terciar Gioja, pero sí se sabe que deberá hacerlo por alguien, ya que, al menos hasta este domingo, las diferencias son irreversibles. Los miembros del gabinete no hablan de otra cosa, y esperan a Gioja para ver el final de la pelea. Uno de esos hombres dijo esta semana a este periodista que los tiempos se han adelantado proporcionalmente a la cantidad de tiempo que Gioja dedique a su recuperación, y es probable que el funcionario tenga toda la razón del mundo.

El Gobernador pronto se hará cargo de su Gobierno. A los problemas de la gestión se le suman ahora los de su salud, esos que por estas horas lo mantiene ocupado en Capital Federal. Dicen que está del mejor ánimo posible, y que no tiene miedo de lo que le espera. Es duro lo que viene, y Gioja deberá demostrar otra vez que puede. Ya lo hizo varias veces, habrá que ver si lo demuestra una vez más.