La historia de la humanidad está plagada de desencuentros que terminaron en tragedias que pudieron evitarse con el diálogo y la comprensión para arribar a acuerdos con equidad si unos y otros deponen actitudes irreconciliables. Existen incontables casos de estallidos sociales que se iniciaron con simples reclamos a las autoridades, que al no ser escuchados por encerrarse en caprichos e ineptitudes políticas, o porque simplemente generaron penosos acontecimientos de subversión, que se deben recordar puntualmente a modo de reflexión de quienes anteponen la fuerza a la razón.
Un ejemplo cercano fue el llamado "Mendozazo”, del 4 de abril de 1972, culminación de una puja iniciada una semana antes por el activismo sectorial con las autoridades provinciales, incapaces de dar soluciones, hasta derivar en un violento choque entre las fuerzas policiales y militares con la subversión y que produje la renuncia del gobernador Francisco Gabrielli. A 42 años del caótico suceso, el escenario no ha variado a pesar de la una durísima lección para no caer de nuevo en enfrentamientos sangrientos que pudieron evitarse por medio del consenso y la negociación.
El clima enrarecido promovido por bulliciosos estudiantes fue de caldeado por los reclamos generalizados de violentos métodos de lucha y le siguieron las protestas contra un fuerte un aumento de las tarifas eléctricas, ordenado desde Buenos Aires, tras lo cual se sumaron las manifestaciones de distintos sindicatos y agrupaciones políticas, hasta reunir más de 20.000 personas por la amplia adhesión de la población.
El 3 de abril, la CGT mendocina se adueñó de la protesta, le exigió al Gobierno el retorno a las tarifas anteriores y convocó a una concentración para el martes 4, con paro activo donde los docentes entregarían un petitorio a Gabrielli. Este prohibió la movilización y garantizó no reprimir. Pero el Ejército decidió tomar el control de la provincia y dispuso reprimir violentamente asumiendo una suerte de intervención federal. El efecto psicológico lo completaron los Sabre F-86 de la IV Brigada Aérea, sobrevolando la ciudad a baja altura, más el toque de queda que se hacía sentir con temor. Al saldo de muertos y heridos se agregaron unos 400 detenidos, entre manifestantes, dirigentes sindicales y transeúntes.
Todo comenzó con un tarifazo en tiempo de inflación.
