La pequeña y mediana empresa (pyme), motoriza el comercio exterior en todo el mundo, porque de allí surge la diversidad de ofertas innovadoras y la eficiencia competitiva. Por eso, en las naciones desarrolladas, las estrategias económicas privilegian a las pymes ya que también son las mayores generadoras de empleo directo y en la tercerización de proveedores y servicios.
Esta lógica no se cumple en la Argentina: históricamente los mecanismos exportadores se sitúan en la pampa húmeda y el litoral portuario. Las economías regionales sufren este desequilibrio que se origina en una serie de dificultades que generan onerosos costos fijos y pérdidas de tiempo que finalmente desalientan a las pymes exportadoras. Una firma ubicada en el Noroeste del país tiene costos logísticos superiores al 30% del valor FOB de la mercadería a despechar, el doble de lo que pagan los grandes productores bonaerenses.
En el interior, por ejemplo, se carece de plazas de contenedores y por ello los fletes se duplican ya que para hacer un envío se debe llevar un contenedor vacío desde Buenos Aires a la provincia donde se encuentra la empresa que lo pide y luego, cargado, de regreso al puerto de embarque. A la ausencia de servicios descentralizados, se agrega la burocracia aduanera, aún cuando se utilicen salidas no habituales para los despachos al exterior, como pueden ser los pasos cordilleranos alternativos, caso del Paso de Jama, en Jujuy. Los exportadores que utilizan esa variante a Chile deben esperar hasta 24 horas en la aduana y asumir el costo de horas extras hasta de 500 pesos, junto a un certificado por producto y por camión de $ 2500, fuera del valor del transporte y de la seguridad que lo acompaña por el temor a los robos. Y si se trata de ciertos cereales, que no controla la oficina del Senasa de Salta, se necesita un gestor que se envía desde Buenos Aries, a cargo del productor. Y todo esto puede complicarse todavía más, si se trata de mercadería estacional refrigerada, que debe llegar a los mercados externos puntualmente y con el riesgo de los dobles controles aduaneros, como ocurre con ciertos despechos de San Juan, que no obstante estar autorizados en origen, vuelven a ser inspeccionados antes del embarque en Buenos Aries. Eso es una doble imposición fiscal, que por habitual la criticaron los empresarios italianos en la reunión con la presidenta de la Nación, la semana pasada.
Promover las exportaciones no debe ser una expresión de deseo para el gobierno sino el marco político ideal para ganar mercados de ultramar.
