La fatalidad sigue tiñendo de sangre los fines de semana en San Juan, más en horas de madrugada, con una serie de siniestros viales originados en el estado de ebriedad de los protagonistas y con un saldo de víctimas inocentes cuando los trágicos acontecimientos alcanzan a terceros. Los hechos no son casuales sino por el común denominador de la ingesta alcohólica y nada que los prevengan.
Esta seguidilla de sucesos evitables -no pueden calificarse de accidentes-, ocurren generalmente en rutas muy transitadas, la mayoría por jóvenes que concurren a locales nocturnos ubicados en zonas de Media Agua, 9 de Julio, Albardón y Angaco, donde los boliches funcionan con la impunidad que les asegura la ausencia de controles en cuanto a la presencia de menores, el expendio de bebidas alcohólicas y el funcionamiento en horarios irrestrictos.
Al descontrol se suma la alta velocidad en que circulan los conductores y la evidencia de falta de operativos para verificar los casos de alcoholemia, o por lo menos el relajamiento de estos controles con la severidad anunciada tiempo atrás por la Policía de Tránsito. En este contexto nada es casual si se tiene en cuenta el estado de ebriedad de los automovilistas, constatado luego de producirse las desgracias.
La joven madre de 5 hijos, que viajaba con 3 amigas por la ruta 155 (calle 5) luego de una noche de diversión en 9 de Julio, murió en el Hospital Rawson por las heridas recibidas al ser impactado el auto por otro, cuyo conductor presentaba signos de ebriedad. Otro automovilista borracho atropelló a una familia y se dio a la fuga, en Chimbas y, al ser capturado más tarde, seguía con síntomas de embriaguez. En ninguno de estos casos se observó patrullajes policiales y menos los operativos estratégicos contra el desenfreno de los conductores.
Estos problemas no son aislados ni tampoco de nuestra provincia. Por algo para la Organización Mundial de la Salud (OMS) Argentina es el segundo país latinoamericano con mayor consumo de alcohol per cápìta y con incidencia en las juventud. Los padres ignoran como se divierten sus hijos y, sin contención, las consecuencias de los excesos alcohólicos llevan al alto riesgo de sufrir trastornos neurológicos, cardíacos, digestivos y metabólicos, convulsiones, desvanecimientos, coma alcohólico y hasta la muerte.
