Desde hace una semana crece la alarma en Europa por una epidemia que puede llevar a la muerte, originada en el consumo de verduras y frutas crudas contaminadas con la letal "escherichia coli enterohemorrágica”, una bacteria que habita en los animales, pero peligrosísima para el ser humano. El brote infeccioso está geográficamente relacionado con el área de Hamburgo, en Alemania, y además de unas 600 víctimas confirmadas, 16 de ellas mortales, ya provocó roces diplomáticos porque en un primer momento se señaló a los pepinos españoles como causantes de la grave infección, lo que ha quedado descartado.
Lo cierto es que todavía no se llegó al origen del problema. Todo se ha circunscripto a las prevenciones en cuanto a las normas de higiene a seguir y evitar el consumo en fresco de productos frutihortícolas, lo cual suma otro traspié económico a la Unión Europea mientras se reportan casos de enfermos en Suecia, Dinamarca, Holanda, Francia, Gran Bretaña, Austria y República Checa, la mayoría de personas que recientemente visitaron Alemania.
Médicos y científicos siguen sin poder individualizar la causa de la patología bacteriana y a falta de conclusiones se remiten a alertar a la población acerca de las medidas preventivas a seguir y a las autoridades a imponer barreras sanitarias. Todo hace suponer que en este proceso de producción y comercialización de verduras no se respetaron los estatus zoo-fitosanitarios en los lugares de origen ni en los canales de ventas. Las barreras fitosanitarias tienen por objeto asegurar la calidad del producto y, consecuentemente la salud de la población, y esto se cumple rigurosamente en la Argentina y dentro de cada región como se observa en San Juan, algo que no existe en la Unión Europea porque la circulación de personas, bienes y de servicios en la eurozona es irrestricta.
Este punto es importante para reflexionar en torno a los exhaustivos controles que se deben tener en el tema alimentario, por encima de las regionalizaciones impuestas por la globalización. Ser celosos en la oferta, más si se trata de alimentos para el consumo en fresco, confirma el giro que se está dando en San Juan, no sólo con las barreras fitosanitarias sino con la decisión empresarial de homologar productos con garantía de origen, para dar mayor confianza al consumidor.
