Se vivió un momento histórico: a los quince minutos de haberse anunciado la muerte del presidente de Venezuela, todos los portales de noticias del mundo tenían la novedad en tono trágico, con grandes fotografías y ocupando al menos la mitad de los sitios con esta sola información. Todos los canales de noticias del planeta reproducían imágenes de Venezuela y de Hugo Chávez en distintas situaciones, incluso las cadenas que no comulgan con las ideas que desparramó en sus 58 años de vida el "bolivariano". Lo más semejante y reciente en materia de impacto mediático mundial fue el anuncio de su renuncia que hizo el propio papa Benedicto XVI, aunque todavía bastante lejos del fallecimiento de Chávez. Entonces, ¿qué provoca que la muerte de un mandatario de una nación chica como Venezuela le pase el trapo en materia mediática a la renuncia del líder espiritual de la religión con más adeptos en el mundo? Populismo, del bueno y del malo. ¿Cuándo el populismo es bueno? Cuando suprime la distancia entre el mandante y el mandado, acercando el poder a la gente, por ejemplo. ¿Cuándo es malo? Cuando se abona la idea de que sólo una sola persona es capaz de garantizar el bienestar de todos. Chávez tenía un poco de los dos. Eso, más su avasallante y extrovertida personalidad, se fusionaron para el resultado que se vio por TV y todos los medios de comunicación del planeta la semana pasada. ¿Cómo sigue la historia? Tal vez es la pregunta más difícil de responder. Chávez, como todo caudillo, no tiene heredero. A pesar de sufrir cáncer, se resistió ridículamente a la idea de que algún día iba a morir, y no formó ni apoyó a nadie para que continúe su obra. Nicolás Maduro, el vice "encargado" de la Presidencia, fue su hombre de confianza, que no es lo mismo que lograr el título de "sucesor". Sin el caudillo, los venezolanos tienen la enorme tarea de reforzar las instituciones, opacadas por la figura del líder, y evitar que el desmadre interno del chavismo, que seguramente va a ocurrir, sumado a la presión que hará la oposición, termine por colapsar la institucionalidad que, obviamente, va más allá de Chávez, Maduro o el opositor Henrique Capriles. Es el otro problema del caudillismo: cuando la muerte ocurre, todo se oscurece. Eso, a miles de kilómetros de distancia, y si de populistas y caudillistas se trata, esta provincia tiene más "chavistas" de los que se piensa.

La obra de Chávez en Venezuela tiene blancos y negros por donde se la mire: reforzó como nadie el usufructo del petróleo, poniendo al servicio del Estado casi todas las empresas que trabajaban en ese rubro, situación que "divide la biblioteca": los que están a favor de estatizar, idolatran la maniobra. Y los capitalistas, contestes de la libertad empresarial, se espantan. Demonizó a los Estados Unidos como nadie, en lo que más pareció una excelente maniobra de marketing, ya que a la par mantuvo negocios petroleros con la Nación de Obama. Redujo al 50% la cantidad de pobres, aunque su mejor marca fue del 26,6%. Argentina, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, cerró 2012 con el 6,5%. Y el peor de los pronósticos no oficiales argentinos llegó al 18%. España, por citar una Nación enfrentada con Chávez, ha rozado el 22%, según números entregados por el Gobierno español. El desempleo luego de los 14 años de Gobierno bolivariano bajó del 14,5% al 7,6%, casi el mismo porcentaje de Argentina: 6,9%, cálculo del último cuatrimestre de 2012 y con cifras del INDEC.

No está nada mal para una Nación que hasta Chávez sólo sabía de colapsos institucionales y pobreza extrema. El pueblo venezolano premió al caudillo con el voto, pero a medias. La última elección la ganó con el 54% de los sufragios, aunque hubo un candidato de la oposición, Capriles, que sumó el 44%. Es decir, una Nación dividida por los que están a favor y los que están en contra de Hugo Chávez. Nadie sabe sobre qué mensaje se montará la oposición ya que Capriles, en sentido inverso, hizo lo mismo que el fallecido mandatario: se afirmó en la pelea contra una sola persona. Esa persona ya no está. Con la muerte de Chávez, a Capriles se le cayó su media naranja, su razón de vivir y Maduro, para colmo, ni siquiera roza los zapatos de Chávez, lo que deja a Capriles tirando golpes al aire. El problema de Nicolás Maduro hoy es hacer creer a la gente que Chávez lo guía desde el más allá, porque es Chávez el de los votos, no Maduro. De allí el embalsamamiento, de allí los 10 días de velorio, de allí el apuro en llamar a elecciones el 14 de abril, y muchas otras cosas que no se conocen a miles de kilómetros de distancia. ¿Habrá alguien capaz de seguir el chavismo luego de Chávez? No se sabe, aunque parece que Maduro no será esa persona.

No hay que asombrarse tanto de lo que ocurre en Venezuela, porque Argentina, y más precisamente San Juan parece haber adoptado algunas de las estrategias chavistas a la perfección. El estilo de mando de oficialistas y opositores en San Juan es muy similar: ¿quién sigue a Rodolfo Colombo si el rubio no está, se jubila o se muere en su partido Actuar?; quién sigue a Mauricio Ibarra, quién sigue a José Luis Gioja, quién sigue a Marcelo Lima. Y la lista continúa. Ninguno de ellos tiene heredero, sólo porque no lo quisieron tener. Es evidente que a la gente le gusta el estilo porque todos ellos, y sólo por destacar algunos nombres, han sido votados en menor o mayor medida por la gente.

El mayor problema lo tiene José Luis Gioja, ya que obviamente su lugar es el que más adeptos despierta, porque es el de mayor poder. En tantos años de mandato muchos justicialistas han crecido, por gestión propia o por apoyo oficial, pero han crecido. Ninguno, al menos que se conozca públicamente, tiene la venia del mandatario para seguir sus pasos, todos están esperando. Ojalá Gioja se dé cuenta que para pasar a la historia hace falta la inteligencia de dar un paso al costado cuando la situación lo merezca. Ojalá Gioja sea más inteligente que Chávez. ¿Cuándo? 2015, 2019, 2023, nadie sabe, ni siquiera él, aunque hay algo de lo que no podrá escapar el sanjuanino y es lo mismo que le pasó a Chávez. Si hay justicia, ese lugar será de quien lo merezca, y no de un "Nicolás Maduro" sanjuanino.