Comediantes, cantantes, equilibristas, caricaturistas, malabaristas forman parte del llamado arte urbano (del original street art), con el que se sorprende a los transeúntes o automovilistas en las calles. Así, se incluye también a los mimos y estatuas vivientes (quizá una de las artes más callejeras), payasos, magia, danza, cantos, teatro infantil y hasta fragmentos de música clásica por parte, en algunos casos, de alumnos avanzados de la Escuela de Música de la UNSJ, quienes consiguen eliminar el frío que produce al comienzo el contacto con el espectador.
Uno de los más practicados es el malabarismo, arte de manipular y ejecutar exhibiciones con uno o más objetos a la vez, arrojándolos alternativamente al aire, evitando que caigan al suelo, siendo más frecuente el de los de cinco pelotas. Es bueno recordar que el malabarismo, que tiene su raíz en el Egipto del siglo XVIII, requiere de una habilidad psicomotriz por parte de quien lo realiza y forma parte, a su vez, de las atracciones de todos los circos del mundo.
Por su parte, los graffitis es otro arte que viene de clásicas inscripciones, críticas o satíricas, de los tiempos del Imperio Romano, y dueño de una controvertida legalidad que suele hacerlo marginal. Pero no hay que olvidar lo que escribieron los graffiteros en París en el histórico Mayo del ’68: "Las paredes limpias no dicen nada”. En ese sentido, recuerdo que tras la caída el Muro de Berlín, el histórico 9 de noviembre de 1989, comprobé como enviado periodístico desde Madrid que el papel de los artistas callejeros era casi "institucional”, y su trabajo se sumaba a las voces que espontáneamente gritaban su aprobación "en nombre de la libertad”, en la bella ciudad alemana que volvía a sentirse unida después de casi 30 años.
En grandes ciudades como Roma, París, Berlín, Madrid, Buenos Aires o Bogotá, el teatro callejero es frecuente (incluso se organizan festivales anuales) y surge como una expresión cultural (con trasfondo social) que acerca el teatro al pueblo, y muchas veces el ciudadano anónimo que llega al lugar, termina integrando el elenco.
Recién en los años 90, y tras la dictadura, el arte callejero volvió de lleno a nuestro país. Pero los sanjuaninos podemos esgrimir un antecedente que nos pone anchos: Domingo F. Sarmiento es considerado el "primer graffitero” del país por haber dejado aquella huella, cuando en 1840, marchando hacia Chile en busca de libertad, escribió en las montañas de Zonda: "On ne tue point les idees”, ("Las ideas no se matan”).
Es necesario apoyar el arte callejero, aceptando la ruptura de las estructuras clásicas, más aún en tiempos en que azotes como la inseguridad ponen en riesgo la paz social y, en muchos casos las acciones de los artistas pueden convencer a adolescentes o jóvenes tentados desde la marginalidad, a cambiar de rumbo e integrarse a los proyectos populares con el arte como motivo. En ese marco, sería bueno que las autoridades provinciales del área de Cultura, tuvieran en cuenta la necesidad de facilitar a los artistas callejeros su trabajo, como manera de integrarlos, con justicia, en la vida cultural sanjuanina.
Recordamos que el genial Charles Chaplin fue en sus comienzos artista callejero (luego lo representó en el cine con "The professor”), y como ejemplos más cercanos, el español Joaquin Sabina y, entre nosotros, Piñón Fijo que siempre recuerda con nostalgia sus años jóvenes como artista callejero en plazas de Córdoba Capital y Villa Carlos Paz. ¡Que vivan los artistas callejeros de San Juan!
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