Una persona culta se convierte, antes o después, en un instrumento de la sociedad. No necesita aparecer en titulares ni ser mencionada laudatoriamente porque con el sólo hecho de respetar los códigos correspondientes, convierte su trabajo en un hecho.

Para los estudiosos -y también para los diccionarios- los códigos de la cultura tienen que ver con la civilización y la educación, y con la instrucción, ilustración, erudición y saber. Son los altos componentes de la cultura real. La cultura individual es un instrumento que permite alcanzar un lugar especial en el medio en el que se actúa. Se llame profesionalismo, artes u oficios, es lo mismo porque no tiene un accionar único sino la posibilidad de convertir lo cotidiano en algo especial.

Este último concepto es también para las instituciones que bregan por finalidades humanísticas y se alejan así de ese mundo transversal de los prejuicios y las demostraciones en el que nada sirve ni cae bien.

El hábito de prejuzgar baja el puntaje de la sociedad porque por lo general se emiten opiniones desfavorables acerca de algo que no se conoce bien. Mucha gente juzga hechos sobre los que no tiene un cabal conocimiento. Ello lleva a la multiplicación de los prejuicios que nublan el panorama general sin que la gente se dé cuenta que es algo que se ha hecho o se hace ex profeso y sin estimar los valores y los principios que hacen al bien común.

"¡Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio!", dijo Albert Einstein (1879-1955) el físico alemán nacionalizado estadounidense y más tarde suizo, antes de llegar a su celebridad. Fue considerado el científico más importante del Siglo XX después de la publicación de su teoría de la relatividad. Recuérdese que era un empleado común de una oficina de patentes cuando escribió su famosa teoría.

Si uno se detuviera en medio del fragor del trabajo diario y buscara los personajes del siglo pasado, se encontraría que las ciencias, las artes y la literatura no crecieron por hechos fortuitos sino por la aparición de individualidades dedicadas a esas áreas. Además, si se puede hablar de la cultura individual es porque hay un campo de la cultura que puede abrigar o incorporar a todos los innovadores por igual. No hay que resistirse a él, por el contrario, hay que observarlo como a una zona particular a la que se tiene acceso cuando se hace algo creativo.