Corría 1906 cuando el cura párroco de Desamparados RP García adquirió una imagen de María Auxiliadora para ser venerada como la Virgen de Desamparados. En 1917 un incendio destruyó la iglesia, y con ella la imagen. Tres años después, en 1920 la señora Catalina Del Bono de Graffigna donó otra imagen que representaba a María Auxiliadora aunque no era invocada como tal, donada luego a los padres salesianos. Pero otra tercera imagen tiene una interesante historia: Las señoras María Elena Castro de Puebla y Josefina Coll de Esbry expusieron sus deseos de adquirir una estatua de María Auxiliadora para su veneración. Con tal motivo pidieron autorización a Monseñor Orzali. Mediante una resolución del 28 de Junio de 1924 se aprobó dicho pedido. Por colecta realizada en 1925, en que se juntaron $436, encargaron la compra a Héctor Conte Grand (de paso por Buenos Aires), gestión que concretó en el colegio San Carlos donde fue construida. Llegada a San Juan al domicilio de la señora Josefina Coll de Esbry, calle General Acha N¦239 (Antigua numeración), se les pidió a las Hermanas del Buen Pastor que fuese admitida en la iglesia. El pedido fue denegado "pues los lugares estaban ocupados por los santos de la Orden”. Las mismas gestiones se hicieron ante las Hermanas Franciscanas Enfermeras para depositarla en la parroquia de La Merced. Los resultados fueron idénticos. Quedó entonces bajo custodia en el citado domicilio particular hasta la llegada de los sacerdotes José Fanzolato (Hermano de Juan) y Emilio Lenzi en 1930. Nuevamente se trasladó la imagen, esta vez a la casa de Amalia Rufino de Pensado. Después de tres años fue necesario trasladarla a la capilla del Buen Pastor donde permaneció 4 años. Finalmente el 4 de Abril de 1937 se instaló en la capilla del nuevo Colegio Don Bosco. Junto a ella estuvieron, como si fueran sus custodios, dos estatuas de ángeles. Debido al cambio realizado en el interior de la capilla no hace mucho, se retiraron de su interior, entre otras cosas, el púlpito, la balaustrada y los citados ángeles.

Hasta aquí la historia. Considero expresar el sentir de cientos de personas, entre ellas exalumnos (entre los que me incluyo) convalidado con firmas si fuera necesario, para que éstos regresen nuevamente a su querida morada. No importa el sitio exacto, las autoridades del colegio lo decidirán. Lo que sí sería penoso y lamentable es que les ocurriera la misma odisea que tuvo quien ellos custodiaron por largos años: la estatua de María Auxiliadora, recluida en una casa particular.

Es de suponer que algún motivo habrá: ¿Razones de estética? o ¿Falta de lugar? El deseo de muchos es que la historia no se repita, y los dos ángeles regresen donde estuvieron tantos años.