Viajaba días pasados en colectivo por la avenida Libertador Gral. San Martín hacia el Oeste, y pude observar a mi izquierda lo que será la nueva sede del Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson. Unos metros más adelante, casi en la esquina de calle Urquiza, a mi derecha, donde se ubica la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan, recordé que en esos terrenos el domingo 19 de abril de 1942, en horas de la tarde, se colocaba en brillante ceremonia la piedra fundamental del futuro edificio destinado al Museo que 6 años atrás se había inaugurado.
En notas anteriores hice referencia al proyecto y detalles del acto, de manera que no es oportuno reiterarlas en este escrito que tiene la intención de recordar a las distintas comisiones y asociaciones de amigos del Museo.
Al respecto diremos que la Comisión Provincial de Bellas Artes desde su creación, el 14 de noviembre de 1934 -aunque comenzó a funcionar efectivamente al año siguiente-, tuvo tres presidencias: la primera -la fundadora- la encabezó Eduardo Garro hasta el año 1947; la segunda, fue presidida por Luis María Pineda hasta 1950. La tercera y última con la denominación de "Comisión Provincial”, la presidió Antonio Núñez Millán hasta 1958 si bien oficialmente le fue aceptada la renuncia en 1964, pero durante ese período no tuvo actividad y dejaron de funcionar con duros términos hacia las autoridades del área de Cultura que prácticamente desconocieron el honroso historial de esas comisiones.
Pasaron 30 años hasta que en 1988, por iniciativa del entonces director profesor José Luis Victoria, nació una nueva entidad con el título de Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, es decir la cuarta, sucesora de la primera comisión. En esa ocasión, por voluntad de los numerosos asistentes a la reunión constitutiva, gente vinculada al arte en general, resultó elegido presidente quien esto escribe, responsabilidad que me honró asumirla y que llevé hasta 1995 como consecuencia de sucesivas reelecciones.
En realidad fue una gestión que contó con la simpatía y el apoyo de poetas, pintores, escultores, artesanos, músicos y profesores de arte que pasaron a integrar las comisiones. Podemos decir que produjo mucha expectativa esta institución que empezaba a actuar como "Amigos” de un organismo oficial y porque era un nombre que casi había caído en desuso, si recordamos que en la década del 60 funcionaban, por ejemplo, entidades de amigos de las comisarías.
En esos ocho años se realizó una intensa actividad en estrecha colaboración con el director José Luis Victoria, que es justicia reconocerlo, fue un incansable impulsor para hacer concretar los planes que nos animaba y que tenían por objetivo acrecentar el patrimonio del Museo y proyectarlo a la sociedad.
Para no entrar en detalles, por lo extenso, diremos que se organizaron conferencias, muestras retrospectivas, exposiciones, recitales de poesías, presentaciones de libros, se incorporaron importantes donaciones, entre ellas la colección de pinturas y esculturas de Marcos Estrada o las obras de escultores participantes en el Tercer Concurso Nacional de Esculturas en Madera realizado en el Chaco, en 1990. Además se realizaron obras de consolidación y parquización en el viejo edificio de Rawson y General Paz.
De todo lo ejecutado, rescato la charla que sobre las colecciones del Museo fui invitado a decir en la reunión mensual de la FADAM (Federación Argentina de Asociaciones de Amigos de Museos) en setiembre de 2004, durante mi nuevo período de presidente de la Asociación. En el acta respectiva que firma la presidenta de la entidad nacional, Susana de Bary. Allí se dice que el señor Quinteros terminó su exposición con una exhortación: "No dejemos perder nuestros museos, ellos representan los últimos bastiones que nos quedan de identidad y cultura”.
