Hace poco, leyendo el libro "’Una breve historia del tiempo: desde el Big Bang a los agujeros negros+, de Stephen Hawking, publicado en 1988, me sorprendieron titulares informativos, atribuyéndole la conclusión de que los agujeros negros no existen. Actualmente el científico cuenta con 72 años y sobrelleva una tremenda enfermedad degenerativa, con una fortaleza increíble. El libro comienza con agradecimientos, incluso a la enfermedad porque no le impidió usar su mente y pudo continuar su vida y dedicarse a la física teórica. En efecto, con 21 años fue diagnosticado de Esclerosis Lateral Amiotrófica y su esperanza de vida era de unos pocos años. Sin embargo, ha sobrevivido a un proceso de parálisis muscular progresiva y a una traqueostomía que le salvó la vida pero lo dejó sin habla en forma definitiva. Se comunica valiéndose de un sintetizador y un pequeño ordenador personal instalado en su silla de ruedas. Hasta 2009 ocupó la cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge, la misma que en su momento ocupara Newton.
A mediados del siglo XX, junto a Oppenheimer y Penrouse, comenzó a estudiar los agujeros negros, originados a consecuencia de la deformación del espacio-tiempo por la gravitación, según la teoría de la Relatividad General de Einstein.
Pese a sus limitaciones, continúa estudiando y elaborando ideas referidas a los agujeros negros. La afirmación de su no existencia, según los titulares, resultaba impactante pero, en realidad, leyendo el artículo se interpreta que, a su juicio, los agujeros no funcionan como se creía.
John Wheeler, en 1969, llamó "’agujeros negros” a regiones oscuras del Universo, en cuyo interior hay una concentración de masa elevada que genera un campo gravitatorio tan enorme que impide escapar a la materia y a la luz contenida y que atrapa todo cuanto se le acerca. Se forman por el colapso gravitatorio completo de las estrellas, tales como nuestro Sol, de allí el interés que despiertan.
A través de millones de años, las estrellas van extinguiendo su energía. Su temperatura interna desciende y se rompe el equilibrio con la fuerza gravitatoria, cuyo incremento concentra la masa en un pequeño volumen transformándola en una "’Enana blanca”. Si el proceso prosigue, la gravedad comprime los átomos y los electrones de las órbitas se fusionan con los protones nucleares para formar neutrones. Se forma una "’Estrella de neutrones”. El enorme aumento de la gravedad superficial supera la resistencia neutrónica y se produce el colapso. La estrella se ha convertido en un "’Agujero negro”.
Como la masa de las estrellas es variable, hay: Agujeros negros supermasivos, con masas que equivalen a varios millones de masas solares y que estarían en el corazón de muchas galaxias y Agujeros negros estelares, formados por estrellas de masa 2,5 veces mayor que el Sol, que convertidas en Supernovas, implotan y forman los agujeros negros postulados por Einstein.
Un agujero negro está separado del resto del Universo por un "’Horizonte de sucesos”, superficie límite a partir de la cual, ni los fotones pueden escapar.
Hasta hoy no se sabe lo que ocurre dentro de un agujero negro. Si se cumple la Teoría cuántica del mundo microscópico, o la determinista Relatividad general de lo muy pesado. Las explicaciones son intuitivas.
En 1995 se demostró la existencia de un agujero negro supermasivo, por la deformación de la luz emitida desde el centro de la Vía Láctea. En 2007-2008 se calculó que tiene una masa 4,5 millones de veces mayor al Sol y está a 26.000 años luz. Se han descubierto varios agujeros negros estelares, por observación de "’chorros de plasma” originados cuando una estrella pasa por el "’horizonte de sucesos” y presionada por las fuerzas, antes de ser engullida, despide pequeñas porciones materiales, en forma de radiación, ya postuladas en 1976 por Hawking por lo que se las denomina: "’Radiación de Hawking”.
El científico, cuestiona ahora que el "’Horizonte de sucesos” sea una frontera definida e irreversible y dice que en realidad es un "’Horizonte aparente” que mantiene a la materia y la energía temporalmente cautivas, mientras son gradualmente atraídas por el núcleo del agujero, el que nunca llega a destruirlas. Sólo las desordena y si en algún momento se liberan lo hacen caóticamente, en acuerdo con postulados cuánticos, lo que imposibilita reconocerlas. Una explicación completa del suceso, requiere de una teoría que fusione la gravedad cuántica con otras fuerzas de la Naturaleza y que ese enfoque sigue siendo un misterio.
Por ahora, en el "’Horizonte de sucesos”, comparado con el Infierno de Dante por aquello de "’Perded toda esperanza al traspasarme”, Hawking siembra benevolente incertidumbre. Lo imagina capaz de brindar algún atisbo de esperanza a quien ose franquearlo.
