Este martes, en coincidencia con los mil días de su pontificado, el papa Francisco abrirá la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, un símbolo con el que dará inicio el Año Santo Extraordinario de la Misericordia, periodo en el que concederá la indulgencia plenaria a los peregrinos. También dispuso que todas las catedrales del mundo, santuarios y templos abran también sus puertas para que la salvación y la misericordia esté al alcance de todos.

El pontificado de Jorge Bergoglio, iniciado el 13 de marzo de 2013, tras la inesperada renuncia de Benedicto XVI, tiene logros que lo hicieron protagonista global más allá de la tarea apostólica y por ello un respetado actor en la política internacional. Se trata de una popularidad creciente por sus constantes reivindicaciones humanísticas y respetado mensajero de la paz, de los derechos humanos, del cuidado del medioambiente, y del diálogo interreligioso, entre las premisas fundamentales.

En estos mil días, Francisco ha sorprendido por su misericordia a los pordioseros del Vaticano, regalándoles colchones donde dormir, habilitando lugares para higienizarse en la plaza de San Pedro y los invitó al cine o a visitar el arte de la Santa Sede. Su preocupación por el medioambiente dio lugar a la encíclica ‘Laudato Si’, a la vez de urgir a todos los gobiernos a alcanzar un acuerdo en la Cumbre del Clima de París, que se desarrolla esta semana, ya que el mundo está al borde del suicidio, según expresó.

De los diez viajes dentro de las fronteras italianas y once al extranjero, incluyendo la última y riesgosa visita apostólica a la República Centroafricana, tal vez el de mayor trascendencia haya sido el de las visitas a Cuba y Estados Unidos, países sumidos en un proceso de deshielo en sus relaciones bilaterales gracias a su participación activa, como reconocieron los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, respectivamente.

Pero, ante todo, Francisco es un papa reformista que quiere simplificar y dotar de mayor transparencia a las instituciones vaticanas y también a la doctrina católica. La convocatoria a dos Sínodos de obispos, uno extraordinario y otro ordinario, que han analizado los retos a los que se enfrenta la familia en el mundo contemporáneo, no han generado cambios revolucionarios sino de adaptación de la doctrina a los tiempos modernos no obstante las oposiciones internas.