Se ha instalado en la sociedad argentina la falacia más grande que jamás un ciudadano común pudiera imaginar. Es que la conspiración más lamentable de todas se presenta como fin de la libertad del hombre, alegando sus derechos individuales fundamentales como el pleno ejercicio de su individualidad, todo ello para nada más y nada menos que hacer o ejecutar acciones que por su sólo hecho lo determinan como hombre libre.
Se trata pues de personas claves que en forma suspicaz y estratégica actúan en puestos o funciones notorias que determinan el desarrollo humano y la puesta en práctica de sus derechos; y hoy como quizás nunca antes se había visto, con el advenimiento de los derechos humanos y la prestancia de escépticos legisladores, el principal menoscabo, lo está sufriendo la educación. Para suerte nuestra, estamos quienes advertimos de alguna manera este asalto a lo esencial y más preciado de lo humano, su inteligencia y capacidad de discernir, para así advertir oportunamente y dar a conocer su intencionalidad.
No podía ser de otra manera, pues, en los presupuestos básicos de la misma educación se encuentran, a modo de mecanismos defensivos, principios morales o pautas de conductas éticas tales que a modo de sensor ponen en alerta y seguridad a la persona sobre la proximidad, acercamiento o certera ofensiva de planteos o argumentos que desvirtúan y pretenden quebrantar y transgredir el mismísimo rumbo de la educación, tornándola en un verdadero despropósito de quienes embanderados en lo igualitario, el pleno ejercicio de los derechos y el goce de la individualidad pretenden hacer de cada individuo, incluso desde la niñez misma, un "’monstruo social con faceta de bondad”.
Se podría llegar a pensar que el hecho de sostener una libertad sin educación es hablar de libertinaje, sin embargo esto no es así, el problema es aún más grave y se impone por su incidencia en la sociedad, en la familia y en cada individuo. Se trata de que no se puede admitir ser libre ni sostener una "’libertad responsable o en derecho” si previamente no hubo educación. Por eso es que el ciudadano común ¡debe soportar! que se plantee tan livianamente la indiscriminada liberación sexual y no su educación, la permanente conformación irresponsable de la paternidad que deviene en prematuras familias, la justificación legal del aborto o la legalidad por ejemplo del consumo de la marihuana -en diputados- sin atacar seriamente a narcotraficantes, la tardía o nunca resuelta causa de homicidios y violaciones, secuestros o desapariciones de personas por la absoluta falta de seguridad y por consiguiente la no comprensión del Estado de prevenir y entender que no debe pasar absolutamente nada; es que con que a una persona solamente le ocurra algo, nos ocurre a todos. Si nos damos cuenta, lo que verdaderamente está fracasando es el Sistema Educativo o la Educación Cívica de "’dar” y no crear concretas posibilidades laborales. Se da cuenta Ud. que lo que se ataca es la educación, pues destruyéndosela, cualquier planteo sobre la "’libertad y los derechos”, es admisible.
Reitero nunca se debería permitir hablar de libertades o derechos sin previamente aclarar sobre educación, nunca deberán sostenerse ocurrencias de derechos individuales por cada condición o situación que viva cada persona sin sostener límites y alcances de la moral, nunca debería permitirse a ningún funcionario, legislador o político que se escape de los márgenes de la ética si primeramente él no define que entiende por ser humano, que sabe de principios y como se encausa el aprendizaje de los valores. Un derecho o una libertad sin educación es como una persona sin alma, un amanecer sin sol, un subsidio sin trabajo, un derecho sin rectitud, hijos sin padres, un barco a la deriva, una vivienda sin hogar, el sexo sin amor, una educación sin compromiso y finalmente, una libertad sin educación.
Hoy más que nunca se impone la necesidad de advertir todo tipo de situación que atente contra la educación, porque se atenta contra la niñez. También se exige la necesidad de observar que ningún parche aparente de solvencia económica signifique tener un trabajo y menos aun que por asistir a un centro de salud tengamos ciudadanos sanos. Tampoco se garantiza que porque se patrulle de día y no de noche cesaran los robos y habrá seguridad y la gente cambiará y vivirá más tranquila. Hagamos las cosas en serio, verdaderamente eduquemos con principios, valores y moral, con el ejemplo práctico desde la infancia hasta la vida adulta y recién quizás algo cambie.
(*) Pedagogo. Filósofo y escritor. Autor de la disciplina pedagógica "’Artística Integrada”.
