Con motivo de celebrarse hoy el Día del Inmigrante, recordaremos que hace 120 años, en 1889, llegó a nuestro país el vapor Wesser, con 138 familias judías a bordo. La mayoría se instaló en la provincia de Santa Fe, en Moisés Ville, zona que llamaron la "Ciudad de Moisés" recordando al profeta que los sacó de la esclavitud de Egipto.

Los judíos se expresaron en tres lenguas: el idish, el ladino y el hebreo.

El idish: Entre los numerosos idiomas que surgieron en territorio germano durante la Edad Media, se destaca el idish, recientemente declarado por la UNESCO, patrimonio de la Humanidad. El nacimiento del idish, debe situarse entre los siglos VIII y IX. El idish fue medio de comunicación cotidiano de los judíos de Europa oriental, porque el hebreo era considerado lengua sagrada y utilizado sólo para cuestiones religiosas.

El idish está basado en dialectos alemanes y se le incorporaron expresiones hebreas, relativas al ritual judío, también palabras del latín y del francés.

Un rasgo distintivo de este idioma, es que aunque proviene del alemán, se escribe con caracteres hebreos.

Durante la Segunda Guerra mundial, existían cerca de 11 millones de personas que hablaban idish, pero ese número fue drásticamente reducido por las inhumanas persecuciones.

En el caso de la Rusia stalinista, las prohibiciones y las represiones, hizo que disminuyera la difusión del idioma. Sin embargo, entre los judíos ashkenazís de Europa oriental, el idish se utilizó como segundo idioma.

El idish muestra una identidad, un folklore y una literatura, en la que sobresalen obras de Shalom Alechem, Haim Najman Bialik, Isaac Bashevis Singer, ganador del Premio Nobel de Literatura.

El ladino: En España, antes de 1492, se enseñaba a los niños los textos hebreos, bíblicos, en traducción al español, palabra por palabra. Ese sistema de traducción se llama ladinado y hoy encontramos traducidos los textos sagrados, como un verdadero tesoro. Así surgió un español con sintaxis hebrea.

Sefharad, denominación bíblica de la península ibérica, inspiró a los judíos expulsados para autodenominarse sefardíes.

El habla de esa judería tiene elementos heterogéneos, palabras hebreas, arameas, árabes, portuguesas. Se incluyó gradualmente el turco, griego, italiano y francés.

El refranero, usado antes de que los judíos fueran expulsados, contiene enseñanzas, consejos, con buen humor, e ironía: "El Dios es tardoso, mas no olvidoso". "Buenas palabras y buenos modos, dan gusto a todos." "Palabra y piedrada, no tornan atrás."

La sociedad sefaradí tiene una larga historia de contacto con lenguas dispares, al sobrevivir en el seno de otras sociedades, sin perder su propia identidad judía.

El hebreo: No se puede establecer con exactitud los orígenes del hebreo. Los fragmentos más antiguos, como la Torá, datan del 1300 antes de Cristo. Cuando los judíos fueron expulsados de Jerusalem y trasladados a Babilonia en 586 antes de Cristo, muchos exilados abandonaron la lengua de los antepasados y adoptaron el arameo. Años después, Ciro el Grande de Persia, permitió a los judíos regresar a su tierra y esos judíos retomaron el hebreo pero con influencia aramea. Posteriormente se daba lectura de la Torá en hebreo, con traducción al arameo.

Durante siglos, los judíos hablaron idiomas vernáculos, distintos del hebreo, mientras el hebreo se mantuvo como lengua sacra. En los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, aparecieron estudiosos y escritores judíos que utilizaron el hebreo y dejó de ser lengua religiosa, para convertirse en lengua viva.

Eliezer Ben Yehuda, de origen lituano, contribuyó a hacerlo apto para el uso cotidiano a través de la introducción de palabras y la modificación del idioma, en 1881. Desde entonces, el hebreo ha evolucionado poco y es el que se habla actualmente, con incorporación de vocablos referidos a la tecnología. Se escribe de derecha a izquierda. Con la creación del estado judío, el hebreo se convirtió en el idioma oficial de Israel, el ivrit.

La literatura hebrea moderna se enriquece con las creaciones de Agnon, Premio Nobel de Literatura 1966, Amon Oz, Ioshúa Faigón.

Expresiones utilizadas en literatura y en el cine, provienen del hebreo: "El chivo emisario" (Levítico16,26), "los mansos heredarán la tierra" (Salmos 37,11)," viñas de ira" (Deuteronomio 32,32), "polvo eres y al polvo volverás"(Génesis 3,19).

Muchos nombres derivan del hebreo: Jonathan, José, David, Isaac, Jacobo, Sara, Ester, Eva, Raquel, Débora, Rebeca, Lea. Expresiones como: "la gota que rebasa el vaso", "rey de reyes" (mélej Hamlajim), "cantar de los cantares" (Shir Hashirim), son traducciones literales de la Biblia hebrea.