Para hacer una lectura acertada sobre la realidad, es necesario trascender las preferencias y hallar un espacio en el seno de la objetividad, la madre de todas las virtudes.

En una sociedad colmada de todo lo que es posible tener e integrada por los más disímiles sectores, siempre se observan varios perfiles de un mismo hecho, de una figura, de un acontecimiento o de una idea.

Dentro de tal policromía cultural, para llegar a ser objetivo uno se debe situar con independencia de la propia manera de pensar o de sentir, porque no hay un camino más llano.

Si ésto se cumple, es posible acceder al escenario deseado de manera desinteresada o desapasionada. Se confirma así que la objetividad existe fuera del sujeto que la conoce.

Y, la realidad -esa buscada realidad que configura la vida-, es lo que verdaderamente ocurre en contraposición a lo fantástico e ilusorio.

Lo dicho no invalida la existencia de un ideal, de un ideal que debe cultivarse y cuyo diseño se acopla perfectamente a una forma o a un arquetipo, según las aspiraciones del momento.

Pero, ¿hay una contraposición entre el ideal y la realidad? Es posible. Anatole France pensaba que "Lo real nos sirve para construir, mejor o peor, un poco de ideal, acaso no sea útil para otra cosa".

Pero existe también la idea de que nada se contrapone dentro del ser humano, de que en su profundo territorio todo se amalgama para expresarse luego con absoluto realismo y diversidad.

Esa expresión es el resultado de una elaboración interna en la que no se soslaya nada que haya servido a la experiencia individual. Se trata de un proceso tan subjetivo que a veces no aparece en la mente humana, dicen los expertos.

Por eso la lectura de la realidad no es ambigua sino clarificadora, no es un relato sino la esencia que lo sostiene, es lo que hace a la naturaleza de las cosas y a lo más permanente e invariable de ellas.

Es posible observar que a lo más importante y característico de una cosa, se le llama real, porque el portal de la realidad se vincula con la experiencia vital del tiempo y el espacio.

Nadie puede escabullirse de la realidad, ella es como la atmósfera que mantiene vivo al ser humano a través de la respiración. La realidad puede exhibir la fuerza de razones opuestas.

A veces las formas más exaltadas de la vida, interceptan esa realidad que da vigencia permanente a la vida en todas sus expresiones y de todas las maneras posibles.

Pero eso es pasajero, es decir es un tránsito que no tiene mucho que ver con los parámetros de la verdad en un determinado momento o lugar. Es la visión de un momento cuando se ha enfocado bien la atención.

La lectura de la realidad es un afluente en la vida cotidiana y un espejo de la condición humana, no debe sorprender ni exige tanto análisis. Es el constante pasaje de un estado de ánimo a otro, de una a otra sorpresa o de un pensamiento a otro en el circuito de la vida.