Casi no pasa un día sin que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y sus colegas de Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y otros países no proclamen el "fin del capitalismo”. Fidel Castro viene anunciando la inminente muerte del capitalismo desde la década de 1960. Mujica, que terminó ayer su mandato, fue citado por la agencia cubana Prensa Latina el 22 de febrero diciendo, al diario mexicano La Jornada, que el capitalismo "está agotado”. En rigor, la cita textual de Mujica fue que el capitalismo "parece haber dado todo de sí” y que "lo lógico es que sea reemplazado por el socialismo democrático”.

No hay duda de que el capitalismo tiene sus defectos y muchos presidentes latinoamericanos están sentados de brazos cruzados esperando su muerte, mientras China, India, Vietnam y varios países asiáticos vienen creciendo y reduciendo la pobreza a pasos agigantados desde que apostaron al capitalismo en la década de 1980.

Alguien debería regalarle a esos presidentes latinoamericanos una copia enmarcada de un artículo sobre el valor de mercado de Apple para colgarlo en sus despachos y entender lo que está pasando en el mundo. Apple alcanzó un valor récord de U$S 710.000 millones el 10 de febrero, es decir Apple vale más que todo el PBI de Argentina (U$S 610.000 millones), Venezuela (483,000 millones), Colombia (378.000 millones), Chile (277.000 millones) o Perú (U$S 203.000 millones). Los presidentes de Ecuador, Uruguay y Bolivia deberían ser los primeros en tomar nota: Apple vale siete veces más que toda la economía de Ecuador (U$S 94.000 millones), doce veces más que la de Uruguay (55.000 millones), y veintitrés veces más que la de Bolivia (30.000 millones).

Si estos datos no alcanzan para convencer de que estamos viviendo en un nuevo mundo, en que los avances tecnológicos se cotizan cada vez más y las exportaciones de materias primas cada vez menos, hay otros ejemplos. Uber, una empresa fundada hace cuatro años que creó una aplicación para teléfonos inteligentes conectada a taxis, alcanzó un valor de mercado de U$S 41.200 millones, lo que equivale a más que el total de las exportaciones de petróleo anuales de México. WhatsApp, la aplicación de mensajería instantánea para teléfonos inteligentes iniciada por dos jóvenes de veintitantos años, fue vendida el año pasado por U$S 19.000 millones, casi veinte veces el valor de las exportaciones de vino de Chile.

Mientras siguen esperando el fin del capitalismo, varios países latinoamericanos dependen cada vez más de sus exportaciones de materias primas y manufacturas básicas, y no invierten -como los asiáticos- en mejorar la calidad de su educación, la innovación, la ciencia y la tecnología. Invierten solo un 0,8% de su PBI en investigación y desarrollo de nuevos productos, contra el promedio mundial de 2,1%. Según la Cepal, las exportaciones latinoamericanas de tecnología cayeron de casi 20% de sus exportaciones totales en 2000 a un 10% en la actualidad.

Mi opinión: El capitalismo tiene muchas cosas que pueden y deben mejorarse para hacerlo más ecuánime, pero los presidentes latinoamericanos deberían dejar de hablar sobre el inexorable fin del sistema y ponerse a trabajar, como los asiáticos para ser más competitivos en la economía global. En lugar de hablar boberías sobre el "fin del capitalismo”, deberían hacerlo sobre la necesidad de mejorar los niveles educativos y la innovación, para exportar productos cada vez más sofisticados. Sus actuales vaticinios sobre el apocalipsis del capitalismo no hacen más que generar complacencia, pasividad, menor crecimiento y mayor pobreza.