Como todos los años, la Organización de las Naciones Unidas celebra en la fecha el "’Día Internacional de la Democracia”, instituido en noviembre de 2007 por resolución de la Asamblea General y ratificado por 162 países miembros, para reafirmar un valor universal basado en la voluntad libremente expresada de los pueblos de determinar su propio sistema político, económico, social y cultural, y en la participación plena de todos los aspectos de su vida comunitaria.
La ONU también ha determinado un lema para esta conmemoración anual, correspondiendo a 2013 el de "’Reforzar las voces de la democracia” como un objetivo prioritario para que los gobernantes escuchen las inquietudes de los pueblos. Es decir, la presencia de los mandantes en los debates políticos, económicos, sociales, tecnológicos y sobre el desarrollo, tanto si se trata de expresiones directas o a través de sus representantes electos. Es el basamento de la democracia, porque allí reside la capacidad de la sociedad de expresarse para decidir su futuro como dueño del auténtico poder al que deben someterse los mandatarios.
Cuando se habla de democracia se está señalando a un sistema perfectible, porque no existe en el mundo un modelo único sino un conjunto de características comunes donde prevalece el protagonismo de la ciudadanía en un Estado de derecho, mediante el fortalecimiento del diálogo y la búsqueda del consenso ante los grandes temas de la agenda nacional.
Pero este derecho soberano también exige responsabilidad social para afianzar los principios de la democracia, de manera que sea respetada la dignidad de las personas y, fundamentalmente, evitar las desviaciones de estos ideales que llevan a los abusos de poder y la corrupción gubernamental. Por eso reforzar las voces de la democracia apunta a evitar desviaciones en un sistema político que si bien muchos países lo presentan con formatos participativos, en la práctica se convierten en regímenes dictatoriales, donde la única verdad la tiene el poder y en muchos casos se confunde al ciudadano con súbdito, cuando se llega al absolutismo que cercena los derechos fundamentales.
Los liderazgos políticos deben ser ejercidos con espíritu democrático, sin sectarismos ni clientelismos que llevan a la exclusión y finalmente a la pérdida de la libertad. A la democracia el pueblo la debe ejercer siempre, no limitarse a votar y desentenderse en una actitud cómoda sino hacerse escuchar a través de la pluralidad de opiniones que permite este modelo participativo.
