
Por el Profesor Osvaldo Olmo Gómez
DNI 16.160.527
Cuando se visita Angualasto, en el departamento de Iglesia, sorprende su belleza aún intacta. Ese lugar de Aguas de Arriba o Lugar de las Aguas Altas, tal como es significado del nombre, es un paraíso aún no descubierto turísticamente y, quizá, por ello preservado. Todo en ese lugar sorprende: las alamedas, la pasividad de su gente, la presencia abundante de los vestigios de nuestros pueblos originarios es solo un poco de todo lo que se puede ver y sentir por esos lares. Pero existe algo que nos remonta a principio del siglo pasado, como testigo intacto del paso del tiempo, desde la cumbre del cerro donde la estatua del Cacique Pismanta que mira hacia el Valle se pueden ver cuadrículas perfectas de lotes delimitados por tapias. Las tapias son montículos de barro seco perfectamente verticales construidos por los "Tapieros”, hombres rudos y de poca cultura, al decir de Domingo Faustino Sarmiento, con el propósito de menoscabar la imagen de Facundo Quiroga, de quien decía, había realizado esas construcciones en su juventud.
Las técnicas constructivas de las tapias provenían de África, difundidas por los esclavos en América. Algunas de éstas construcciones aún es posible apreciarlas en zonas urbanas; en las rurales, quedan muy pocas en pie, esperando por su desaparición pronta, pero es Angualasto, el lugar donde es posible ver la mayor cantidad de metros lineales de tapias.
Las técnicas de construcción eran colocar dos tableros de 2 ó 3 metros de ancho por 1,60 metros de alto, separado entre sí por 60 centímetros, luego se rellenaba con barro en diferentes capas. Los trabajos llevaban bastante tiempo, porque se debía esperar más de 15 días para desarmar el encatrado, de lo contrario, al estar fresco, el barro se desmoronaba. Todo la labor se realizaba a mano, la posada debía llevar tierra, agua, guano y basura para ligar el barro que se amasaba con los pies hasta que el tapiero diera el visto bueno, se dejaba reposar un par de días y recién se vertía entre los tableros. Algunas de la tapias de Angualasto tienen sobre ellas espinas para evitar que puedan pasar por encima. A estas tapias se les llamaba "albardadas”.
Actualmente es el alambre el principal material para cercar campos. Hacedor de la propiedad privada, aparece durante la Primera Guerra Mundial cuando se utilizó para montar trincheras. Pero a los valles iglesianos el alambre aparece mucho después de mediados del Siglo XX debido a que los rollos eran llevados en tren, debido a su gran peso. Pero las vías férreas nunca llegaron a Iglesia.
Cada uno de estos conceptos fueron vertidos por el licenciado Edgardo Mendoza. El día que le hice saber mi interés de preservar los tapiales de Angualasto, inmediatamente me invitó a "charlar un ratito” a su casa. Nunca fue un ratito, nunca lo pudo ser, se explayó por más de dos horas siendo único testigo directo de su inmenso conocimiento expresado con su constante sonrisa, a pesar del dolor que estoy seguro aquejaba por su enfermedad. Luego, me acompañó a la UNSJ para hacer ver la necesidad de preservarlas. A la par seguimos, hasta que me dijo valerosamente que no podía seguir, debido a su dolencia. Tengo en mi poder todo el material de la primera evaluación de los tapiales de Angualasto. Decidí que hoy fuera el momento de compartirlo, cederlo a quien lo necesite, todo el material fotográfico y el relevamiento del total de los tapiales de Angualasto. Sé que él estará orgulloso de ver que se concrete en acciones reales. En memoria de un hombre comprometido con el hoy de su país, a Edgardo Mendoza.

