Era la década del 70, cuando aquellas alegres maneras de anunciar eventos sociales, quedaron grabadas en mi memoria, acaso por lo que tenían de original no las olvidé. Me refiero a esa forma tan particular y pintoresca de hacer propaganda o anuncios de variados espectáculos, especialmente cinematográficos o de bailes sociales. Desde años anteriores existían las famosas "publicidades”, llamadas así a pequeñas empresas familiares que se contrataban para difundir pasatiempos.

Camionetas, autos y hasta carretelas llevaban consigo una suerte de aparatología fónica, que consistía en un gran parlante en el techo de la movilidad, una batería de 6 volts y el corazón del artefacto: un amplificador a válvulas, donde se conectaba un largo cable con micrófono. En la movilidad iban hasta dos personas, verdaderos especialistas del rubro, uno conducía y el otro hacía de improvisado locutor.

De esta manera el vehículo se trasladaba por las calles de la Chimbas de antaño, especialmente por barrios o villas, como El Salvador y San Patricio, con los anuncios de estrenos cinematográficos de los cines del departamento, como "Cine Sarmiento”, "Urquiza” o "Benavides”, o grandes bailes, especialmente los realizados en los veredones de la escuela Ernesto A. Bavio, en carnaval, o en el Salón Madreselva.

La gente en general sentía emoción, mezclada con curiosidad, cuando estos autoparlantes, lentamente se acercaban a sus domicilios, comunicando a viva voz el estreno de dos o tres películas, las cuales eran comentadas, narrando parte de su argumento, comentarios que trasmitían suspenso al futuro público y se aclaraba si era apto o no para menores.

Entre tantas "publicidades”, en aquel entonces, recuerdo en especial a la "publicidad de don Zavalla”. Este hombre, de rostro bondadoso y siempre sonriente, tenía este oficio. Vivía en calle Neuquén casi esquina Salta y poseía una camioneta Siam Di Tella, de esas que no se rompían nunca.

Don Zavalla fue una institución, todo el mundo lo conocía y lo apreciaba. Él era el vocero de trasmitir noticias que a la muchachada y a los mayores hacían felices. A veces los anuncios, eran "ayudados”, por volantes, pequeños papeles con los datos del espectáculo, arrojados desde su movilidad, con niños que corrían presurosos detrás de ellos. A veces, según la cantidad recogida, se podía ver alguna película gratis o con descuento.