La historia tradicional se interesó por destacar el acontecer histórico en el ámbito de lo público, concretamente resaltando actividades hasta ese momento masculinas como la política y la guerra. Las mujeres, por lo tanto, relegadas a lo doméstico y a desempeñar el papel de esposa y madre fueron invisibilizadas de la historia. Actualmente existe el desafío de rescatar del olvido a esa otra mitad de la humanidad que fue ignorada y silenciada por mucho tiempo. Las fuentes escasas que las mencionan arrojan tan sólo un pequeño puñado de nombres de féminas que pese a que el orden social las condicionó en su actuación pública pudieron traspasar barreras y mostrar su presencia en la historia.
A partir de cuestionamientos tales como ¿no aparecen las mujeres en el relato de Mitre, cociendo las banderas, haciendo los trajes militares, donando sus joyas para el engrandecimiento del Ejército de los Andes?; es que surge el interés por hacer referencia a la presencia femenina durante nuestra independencia. Es decir, destacar la valentía de mujeres argentinas que adquirieron una conciencia y compromiso con la lucha por liberar los pueblos desafiando la estructura social vigente.
Uno de los ejemplos más significativos de intervención de las mujeres en la lucha por la independencia es Juana Azurduy. Esta mujer lideró la montonera que combatió contra los realistas en el Alto Perú, siendo ésta una de las batallas más difíciles y sangrientas de la gesta de la independencia americana. El cargo de "Teniente Coronel” otorgado por Manuel Belgrano y la visita del Libertador Simón Bolívar, son los únicos reconocimientos que Juana recibió. Al finalizar las guerras de la independencia entrará en el olvido y exclusión muriendo en la pobreza extrema en 1862.
Cuando Manuel Belgrano triunfó en Salta, ayudado por hábiles mujeres como Juana Moro y Martina Silva de Gurruchaga, que capitaneando la tropa que formara se presentó en el campo de batalla, la joven viuda Gertrudis Medeiros recuperó la libertad pero quedó en la pobreza. Encadenada fue llevada a Jujuy. El maltrato reafirmó su patriotismo y estando presa informaba sobre el enemigo al Gral. Güemes. Bajo sospecha, fue sentenciada a morir en los socavones de Potosí pero huyó la noche antes de ser trasladada y regresó a Salta. Ante una nueva invasión se refugió en Tucumán. Gertrudis, la valiente espía, la heroica mujer, todo lo había perdido.
En 1814 luego de invadir Jujuy y Salta el jefe realista, Joaquín de la Pezuela, le informa al virrey del Perú: "Los gauchos nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial. A todo esto se agrega otra no menos perjudicial que es la de ser avisados por horas de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias y principalmente de las mujeres…”.
Una de las que desvelaba al jefe realista era la jujeña Juana Moro de López, delicada dama que humildemente vestida se trasladaba a caballo espiando recursos y movimientos del enemigo. Sufrió el castigo más grave cuando Pezuela invadió Jujuy y Salta. Juana fue detenida y condenada por espionaje a morir tapiada en su propio hogar. Días más tarde una familia vecina, condolida de su destino, perforó la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados. Consecuencia de la difícil situación que atravesó fue su apodo: "’La Emparedada”.
Otra valiente e ingeniosa espía fue la salteña María Loreto Sánchez de Peón de Frías. Durante una ocupación realista, ideó una estafeta en el tronco de un árbol que crecía en la ribera de un río cercano a la Ciudad en el que las criadas lavaban ropa y recogían agua. María Loreto arriesgó su vida trasladando información confidencial en el ruedo de sus vestidos. En una oportunidad, simulando ser una humilde panadera, ingresó al cuartel enemigo. Su inalterable temple le permitió organizar un plan continental de Bomberas que eficazmente ejecutó junto a Juana Azurduy, Juana Moro, Petrona Arias y Juana Torino, sus hijos y criados. Loreto fue la sombra de los realistas y ellos la castigaron con cárcel y humillación.
A Macacha le cabe la gloria de haber acompañado ideológica y logísticamente a su hermano, el Gral. Martín Miguel de Güemes. Cosió uniformes para la tropa patriota, realizó arriesgadas tareas de espionaje y fue admirada y respetada por sus opositores. Debido a la generosidad con que ayudaba a los necesitados la llamaban "Mamita de los pobres”.
Poco conocidas son "las niñas de Ayohuma”. Estas mujeres asistieron al derrotado ejército de Belgrano en Vilcapugio y Ayohúma. Una de ellas fue María Remedios del Valle, quien como muchas heroínas, murió en la pobreza y el olvido.
Junto a ellas hubo muchas más mujeres indígenas, mestizas y criollas que es preciso integrar a nuestra memoria colectiva. Historias de vida que, nos interpelan a las mujeres argentinas, ¿cuáles son las luchas presentes?, ¿dónde la patria necesita nuestro compromiso y esfuerzo? Es indudable la riqueza y la fuerza que tenemos para aportar en la construcción de esa patria grande que no pudo ser alcanzada en el siglo XIX porque la historia aun hoy está por escribirse.
