"Por más irregularidades que haya cometido Zelaya, había caminos jurídicos dentro del marco constitucional para enjuiciarlo. Por ejemplo la usurpación de poderes", me señaló José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch. "Lo que no puede jamás aceptarse como opción es golpear las puertas de los cuarteles".
También es cierto que los mismos países que hoy se indignan por los hechos en Honduras, callaron cuando Zelaya desconoció públicamente las decisiones de la Corte Suprema, del Congreso y del Fiscal General, al dictaminar que su intento reeleccionista era ilegal.
Zelaya, quien se unió al bloque del ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas) liderado por Hugo Chávez, anunció el 25 de junio que no acataría un fallo de la Corte que le ordenaba rehabilitar en su cargo al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Romeo Vázquez. Zelaya lo destituyó por negarse a apoyar un referéndum convocado para cambiar la Constitución y permitir su reelección. El general dijo que no hizo más que acatar los dictámenes de la Corte Suprema, del Congreso y de la Fiscalía, en el sentido de que el referéndum era ilegal. Inmediatamente, el ALBA emitió una declaración de apoyo a Zelaya.
¿Dónde estaban los países democráticos cuando Zelaya desconoció a la Corte Suprema? Según la Carta Democrática Interamericana de 2001, están comprometidos a defender y promover la democracia en la región, lo que incluye alzar la voz cuando se viola el Estado de derecho en cualquier país.
¿Y dónde estaban cuando Chávez inició su carrera política como militar golpista, cerró canales de televisión, como RCTV hace dos años, o al desconocer triunfos electorales, como el del alcalde opositor de Caracas, o inhabilita a cientos de líderes de oposición para presentarse a cargos públicos, como hizo en el referéndum de 2008? Ledezma, un opositor, fue elegido alcalde mayor de Caracas en noviembre pasado, pero al poco tiempo el Congreso dominado por Chávez creó un nuevo cargo, el de "jefe de gobierno" de Caracas, por encima de Ledezma, que después fue despojado de sus oficinas y de casi todo su presupuesto para trasladarlos a la nueva "super-alcaldesa" que jamás fue electa para ese cargo.
Pareciera que todos siguen el mismo guión: presentarse al país como idealistas antisistémicos, ganar las presidencias, e inmediatamente tratar de cambiar la Constitución para perpetuarse en el poder. Después, acusar a EEUU y a la oligarquía de intentar un magnicidio y, con ese pretexto, encarcelar a los opositores y cerrar medios independientes, preparando el terreno para gobernar indefinidamente con una oposición simbólica. Los presidentes del ALBA no son los únicos. Otros, como el colombiano Alvaro Uribe, coquetean con una nueva reelección.
Chávez y sus aliados se cobijan en la democracia cuando les conviene, y la desconocen a diario con sus caprichos. Ni hablar de Raúl Castro, que tuvo la desfachatez de aparecer en la fotografía del Grupo de Río denunciando el golpe en Honduras, cuando él mismo preside una dictadura militar que lleva cinco décadas.
Mi opinión: Tras la ofensiva diplomática para restablecer el orden constitucional en Honduras, habría que hacer una revisión de la defensa colectiva de la democracia en la región, erosionada cada vez más en los últimos 10 años por influencia de los petrodólares venezolanos. Si los gobiernos siguen mudos frente a los abusos, no habrán aprendido la lección de Honduras y veremos un retorno al pasado negro de los golpes militares en América latina.
