No es casual que desde diferentes ámbitos ideológicos, se intensifiquen las campañas revisionistas tanto para descalificar a los próceres como también atacar a la cultura religiosa de los argentinos, mancillando sus símbolos o denostando a quienes profesan cultos.
La militancia de izquierda argumenta que una imagen del catolicismo, entronizada en un edificio público, afecta el principio de neutralidad religiosa y el derecho a la libertad de conciencia. Así lo planteó la Asociación por los Derechos Civiles y la Asociación Civil Ateos de Mar del Plata, en una demanda ante la Justicia Contencioso Administrativa bonaerense. Se hizo días después de conocerse un proyecto de ley en la Legislatura porteña, en igual sentido, de la diputada María José Lubertino. La polémica legisladora kirchnerista pide la prohibición de los símbolos religiosos en los edificios públicos y suprimir los ya existentes, exceptuando a los de cementerios y los hospitales, si están en espacios reservados y se garantice la multiplicidad de credos. Lubertino es una activista recalcitrante contra el catolicismo y las tradiciones argentinas, como lo demostró cuando estuvo frente del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) para imponer el matrimonio gay, luego buscó legalizar el aborto y hace poco propuso repartir preservativos en las escuelas primarias.
El argumento de la campaña ideológica anti religiosa, es que nuestra tradición cultural discrimina al resto de la sociedad, sin tener en cuenta que la pluralidad religiosa, como la igualdad, están garantizadas por la Constitución Nacional y las leyes emergentes. Así se cumple en las escuelas con las diferencias creencias y nunca algún credo que ha denunciado discriminación.
Tampoco son originales los inspiradores del ateísmo criollo, porque estas reacciones son similares a las establecidas en Cuba, a las impulsadas por la doctrina bolivariana de Chávez y planteada en gobiernos europeos, esta última con un revés aleccionador. La arremetida contra el Estado italiano, para que retire los crucifijos de las escuelas públicas, terminó en un fallo del tribunal superior de la UE señalando que ningún símbolo religioso lesiona los principios de la Convención Europea de los Derechos del Hombre.
Además, en varios establecimientos educativos se advierte esta permisividad e incluso una colaboración pasiva, que ya ha generado alarma en varios sectores de la sociedad, especialmente en la Capital Federal, e incluso en nuestra provincia.
En Argentina era de esperar la agresión a la familia cristiana de parte de sesgadas mentes del resentimiento militante.
