El presidente Barack Obama obtuvo finalmente el apoyo republicano del Congreso y logró el viernes último una ley que permitirá dar un giro de 180 grados en la política financiera de los Estados Unidos, cerrando una etapa de desregulaciones, privatizaciones y de manejo discrecional corporativo de Wall Street, que generaron la crisis global de 2008.
La profunda reforma financiera, que será promulgada esta semana por la Casa Blanca, es la más amplia de los últimos 80 años y prevé medidas para dar mayor seguridad al sistema económico y resguardos contra los negociados y los abusos que hicieron estallar a la burbuja hipotecaria, hace dos años, desplomándose un modelo que aparentaba una fortaleza envidiable y por ende de garantía absoluta para el ahorrista. La intervención del Estado será a través de un Consejo de Regulación que alertará sobre los riesgos del mercado en sus diferentes variantes y, en particular, sobre el comportamiento de los llamados hedge funds o "fondos buitres”, como los que acechan a la Argentina.
En definitiva la regulación estatal sobre las entidades financieras y bancarias estadounidenses hace lugar a los reclamos internos de defensa del consumidor y de varios países con el fin de prevenir otro colapso mundial, con quebrantos generalizados y crisis de mercados que todavía repercuten con alto costo social. Para Washington es, además, un punto de no retorno para salvatajes de burocracias ineficientes como el feroz lobby -pero infructuoso de Wall Street- para tratar parar esta ley que cambia toda una historia de libertades tan riesgosas como incontrolables. Los republicanos, que votaron masivamente en contra, trataron de defender principios que fueron castigados por los hechos.
