
Desde hace tiempo se ha instalado en sociedad, la costumbre de enviar en la época de receso escolar a niños especialmente y adolescentes a lugares en donde los mismos puedan integrarse a un grupo social y allí realicen actividades recreativas, deportivas, acuáticas y de contacto con la naturaleza. La familia suele movilizarse hacia los clubes, gremios o sindicatos, emprendimientos privados y también hacia los servicios que el estado ofrece en materia de actividades de verano bajo la forma de colonia o escuelas de verano. Así una gran cantidad de niños, jóvenes, adultos y chicos con capacidades diferentes participan de estos emprendimientos.
Es bueno recordar, que según algunos estudiosos de la Historia de la Educación Física, Argentina fue el primer país en América en instrumentar y crear las primeras colonias escolares.
¿Es importante enviar un chico/a a una colonia de vacaciones? Deberíamos entender que hay otra educación que se vivencia fuera de las aulas, la llamada “no formal”, la que se desarrolla en la casa, en el barrio, en la calle, en los clubes. Las colonias de verano o invierno, son oportunidades formativas, es una herramienta educativa y deberían utilizarse, en los tiempos que vivimos, para fundamentalmente promocionar seria y genuinamente los valores, como la solidaridad y el respeto por el próximo.
Observadores de la realidad como psicólogos o filósofos afirman que en este tiempo muchos niños y jóvenes son adictos a las pantallas y a los confesionarios portátiles en que se han transformado los celulares pero no a la actividad física. El estar y participar de estos espacios lúdicos (colonia) lleva a que niños, adolescentes se alejen por lo menos unas horas de la pasividad, la quietud, el sedentarismo.
Los espacios se están transformando en un territorio de “excesos”. Se respeta poco al otro y poco la norma y esto se pude ver y afecta a los niños y jóvenes llamados “híper enseñados”, son aquellos que disfrutan y tienen la mejor educación, asisten a un instituto de idiomas, practican deportes en escuelas o clubes y salen de vacaciones y también afecta a los denominados “híper humillados+ son los chicos que conviven en los circuitos de la pobreza y la exclusión.
Las colonias, las escuelas de verano, los campamentos deberían apuntar a desarrollar principios éticos, a vivenciar valores y a cuidar la naturaleza. En este espacio todos los alumnos, docentes, profes y familia deberíamos empezar a perder el “individualismo” y comenzar a recuperar el “nosotros”. Todos deben repensar y tratar de que estos espacios formativos no se conviertan en un lugar lúdico o de pasa tiempo nada más. Es oportuno mencionar que estos espacios, están organizados y conducidos por docentes del área Educación Física. El “Profe” o la “Profe” tiene en sus manos un potencial educativo enorme, es esta oportunidad, que se repite todos los días de vida de la colonia, el de “educar+, en lo recreativo, lo deportivo, lo acuático, la naturaleza pero fundamentalmente, “en valores” tales como: la norma (ley), respeto, solidaridad, cooperación, respeto a las diferencias, lealtad, diversidad, inclusión, tolerancia, igualdad, entre otros.
Mantengamos a los futuros ciudadanos en movimiento y con una ocupación creativa durante el receso áulico, tratemos que los jóvenes no estén tanto en las esquinas o calles deambulando o bebiendo, tratemos de integrarlos dándoles oportunidades lúdicas. Y como dice el profesor Oscar Incarbone, “hagamoslos mejores ciudadanos, alegremente, recreativamente, cómo jugando…
Roberto A. Murúa – Profesor Nacional de Educación Física.
