Varios personajes, algunos del espectáculo, aparecen en ciertos medios haciendo apología de la droga. No es un dato menor ante el avance de los estupefacientes en nuestro país que sigue creciendo. Mendoza fue noticia días atrás por la actuación de un grupo denominado "Los angelitos de Yaqui”, que responde a una supuesta traficante y están acusados de cometer homicidios y de usurpar viviendas para instalar puestos de venta de drogas.

El uso indebido de estas sustancias es una tragedia individual que afecta la salud y el bienestar de una persona, al igual que su dignidad y autoestima, destruye relaciones familiares y profesionales y acaba con las amistades. Es que experimentar con drogas es para algunos el primer desliz por una pendiente resbaladiza de degradación y autodestrucción. Pero eso es sólo una parte de la historia.

De ahí que resulte de vital importancia que quienes tienen incidencia en el ámbito juvenil transmitan valores que ayuden a vivir, y no vicios que conduzcan al abismo o a la muerte. Esto no significa ir contra la libertad, sino darle sentido. La droga constituye una fuerza destructiva de la comunidad en su conjunto; es a la vez producto y semillero de la delincuencia, genera corrupción e inestabilidad, y sirve para financiar el tráfico de armas así como actividades terroristas y de subversión. Es alarmante que más y más personas comiencen a experimentar con drogas a edades cada vez más tempranas.

Según el último informe anual de las Naciones Unidas sobre las drogas, la Argentina se ubica nada menos que como el tercer proveedor mundial de cocaína, detrás de Brasil y de Colombia. El dato, devastador, muestra hacia dónde ha conducido al país la falta de control y de un genuino deseo por parte de nuestras autoridades para encarar una verdadera lucha contra el narcotráfico.

Al igual que con la salud, más vale prevenir que curar. Nuestra prioridad debe ser combatir el riesgo al que están expuestos los jóvenes ante una peligrosa adicción. Para ello, es necesario trabajar todos juntos, fomentando actitudes positivas que engendren un espíritu de superación, ya que ello tendrá un efecto más duradero que el que cabe esperar de un mensaje meramente negativo y se ha de prestar particular atención a los grupos más vulnerables, especialmente a los jóvenes privados del apoyo de una estructura familiar sólida.