– PRIMERA NOTA –
Relacionadas con nuestra música nacional son varias las figuras femeninas que hoy han quedado en el olvido. De ese círculo relativamente pequeño, pero de mucha importancia en su paso por el ambiente musical en ambas orillas del Plata podemos diferenciar dos épocas: una en los primeros años del siglo XX donde se destacan Linda Thelma y Paquita Bernardo. Y la otra a mediados del mismo e incluyendo a dos figuras relativamente diferentes entre sí: María Esther Podestá y Rosita Melo.
Linda Thelma, en realidad Hermelinda Spinelli, había nacido en Italia en una fecha desconocida de finales del siglo XIX, si bien varios autores asignan su natalicio al año 1884, falleciendo en Buenos Aires en julio de 1939. Según cuenta José Gobello, no obstante su origen peninsular fue la más famosa de las tonadilleras criollas y una de las primeras en entonar nuestra música ciudadana, arte que sirvió de apoyo para varios historiadores que la consideraron nativa del río de la Plata, aún cuando el diario Crítica la llamaba "tonadillera ítalo-criolla", haciendo de paso resaltar su juvenil belleza morena.
Linda Thelma comenzó actuando en las revistas picarescas de principio de siglo, y logró popularidad con los primeros tangos cuyas letras provocativas la mayoría de las veces eran inaceptables para la gente "bien". Su fama y belleza juvenil la llevaron a actuar en Europa, encontrándose en 1922 en París con Francisco Canaro quien la invitó a cantar con su orquesta, intento que no logró concretarse por una enfermedad de la juvenil actriz. De regreso en Buenos Aires no pudo repetir sus éxitos anteriores y terminó sus días prácticamente en el olvido.
Otra figura femenina de las épocas iniciales del tango fue Francisca "Paquita" Bernardo, llamada por sus admiradores "la primer enamorada del bandoneón porteño". Hija de inmigrantes españoles vio la luz en Buenos Aires en mayo de 1900 falleciendo en su Villa Crespo natal en abril de 1925. Desde muy chica fue enviada por sus padres a un Conservatorio para estudiar piano, pero su vocación la llevó a elegir el bandoneón para volcar en él su capacidad interpretativa. A los 20 años integró una trouppe juvenil donde también actuaba un Osvaldo Pugliese adolescente.
Fue en el famoso Café "Domínguez" de la calle Corrientes donde alcanzara Paquita su máxima fama, recordando algún historiador del género que en 1921 la policía debió desviar el tránsito debido a la aglomeración de admiradores que llenaba la calzada. Además de intérprete fue autora de varias piezas de las cuales Carlos Gardel grabó en 1925 su tango "Soñando", hoy muy poco conocido pero que en un concurso popular fue el único cuyo bis fue reclamado por todo el público presente. Eugenio Cárdenas le puso letra a pedido del Zorzal y sus versos parecen preanunciar el temprano final de "Paquita": "..soñando con tu divina hermosura, mi vida se va quemando….".
No obstante lo antedicho, fue quizás María Esther Podestá quien entronizó el tango en los saínetes de comienzos del siglo pasado. Nació esta actriz y cantante en noviembre de 1896, en el seno de una famosa familia que cimentó el teatro argentino. Fue así que apenas a los 3 años de edad ya conocía el arte de las tablas, cantando piezas del folklore nacional subida a una silla en medio del escenario.
En mayo de 1920 le tocó a María Esther estrenar "Milonguita", un tango de Samuel Linning y Enrique Delfino que llegó a marcar toda una época, tanto por su calidad musical como por el contenido sentimental de su letra, Gardel lo grabó casi de inmediato y la famosa cantante española Raquel Meller apenas demoró en incorporarlo a su repertorio para también llevarlo al disco. Después de alternar sus actuaciones como actriz de teatro y cantante popular, María Esther Podestá falleció en su ciudad natal en septiembre de 1983, dejando tras de sí un precedente que sirvió de trampolín para cantantes-actrices que llenaron el espacio radial, teatral y cinematográfico de las décadas centrales del siglo pasado.
La figura final de este recuerdo es Rosa Clotilde Melé, más conocida como Rosita Melo. Casi contemporánea de María Esther, nació en Montevideo en julio de 1897 dejando este mundo en agosto de 1981. A los 2 años de edad su familia se radicó en Buenos Aires y a los 14 comenzó una estrecha relación con la música, un arte que estudió sobre el teclado de un piano desde su niñez hasta la edad madura. Su obra cumbre, de una calidad y belleza tan excepcional que por sí sola cimentó la fama de Rosita, es el tan conocido vals "Desde el alma", grabado por Roberto Firpo en 1920.
Esta pieza tan hermosa nació sin letra, pero en 1948 Hugo del Carril necesitaba cantar un vals en su película "Pobre mi madre querida" y el más popular por entonces era justamente "Desde el alma", de modo que Homero Manzi y Piuma Vélez le agregaron versos de tan profundo sentimiento que recibieron el beneplácito de todos.
De este modo intentamos traer a esta actualidad que hoy vivimos el recuerdo de cuatro figuras femeninas que constituyeron puntales de singular calidad en nuestra música ciudadana, todas muy populares desde principios hasta mediados del siglo pasado, para quedar hoy en un seguramente injusto olvido.
