El Fondo Monetario Internacional (FMI) reclamó a la Argentina que cumpla con la regla que obliga a los países miembros a permitir que sus cuentas sean auditadas por una misión del organismo, sobre todo por las dudas que provocan las estadísticas oficiales.

Nuestro país es miembro del FMI y forma parte del G-20, por lo tanto está comprometido con una conducta que debe seguirse. El organismo internacional proyecta una recesión del 1,5% para la Argentina este año, y una muy leve recuperación del 0,7% para el año próximo. Horas después de conocerse las sombrías proyecciones sobre la economía global y de la Argentina en particular, el Gobierno nacional publicó un duro comunicado del Ministerio de Economía titulado "Los errores del FMI". En él se acusa al organismo de hacer malas proyecciones, sustentadas en "datos pocos fiables de consultoras privadas", un "modelo de predicción inexacto" y una mala valoración de los distintos sectores de la economía.

El Gobierno tiene razón en quejarse porque el FMI ha "subestimado sistemáticamente" la tasa de crecimiento de la economía argentina desde 2003 y en sospechar que esa actitud se basa en la mala relación entre ambas partes. El Fondo creía en 2002 que la Argentina debía atravesar por una hiperinflación para salir de la crisis y nunca aceptó que la salida fuera gradual, por lo que optó siempre por proyectar indicadores de crecimiento menores que los que finalmente se registraron. Pero el Gobierno también hizo lo mismo sistemáticamente desde entonces, al colocar en el presupuesto tasas menores de crecimiento que las previstas para poder manejar a su antojo los ingresos fiscales sin el control parlamentario. Además, si el principal argumento oficial para quejarse del Fondo es que se basa en datos poco fiables para elaborar sus estadísticas, qué cabe decir sobre los datos de inflación, pobreza, desempleo y crecimiento que elabora el Indec desde 2006, tan cuestionados por la sociedad, como por sectores progresistas muy cercanos al Gobierno, y por la comunidad financiera internacional.

La misma pasión oficial empleada para rebatir cada uno de los indicadores analizados por el FMI debería estar puesta en mejorar la confiabilidad del Indec para poder elaborar planes tan importantes como la ayuda social a los sectores más castigados por esta crisis global y local, además de cumplir con los pagos de la deuda ajustada por inflación que el propio Gobierno emitió luego del default.