Pese a que Argentina encabeza el ranking de países que más armas de la población civil ha eliminado en los últimos 5 años, mediante el Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego, implementado por el Registro Nacional de Armas (Renar) y la Red Argentina por el Desarme, todavía es considerable el número de armas clandestinas, vinculado a la actividad delictiva.

Según el estudio de una universidad bonaerense, en la actualidad hay más de 4 millones de armas de las que sólo un tercio están registradas y con permiso de portación. Consigna que en los últimos 18 años, 59.339 personas fallecieron por disparos, con un promedio de 9 hechos por día. La posesión de armas por parte de los civiles adquiere mayor relevancia tras la masacre de Newtown, en el Estado de Connecticut, EEUU, donde un joven de 20 años mató en una escuela a 20 niños y 6 adultos utilizando un rifle que poseía en su casa.

Dada la gran adhesión que ha tenido el Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego, se dispuso prorrogarlo un año más, a cambio del pago de una suma en pesos por cada unidad que salga de circulación. Según registros de la Red Argentina por el Desarme, hasta ahora suman 170.000 las armas que han sido destruidas en presencia de los voluntarios que las llevaron a las respectivas sedes del Renar; en el caso de San Juan, en dependencias de Defensa Civil.

La filosofía de este programa de desarme de la población civil apunta a tratar de propiciar una nueva conciencia en la sociedad en relación a la tenencia de armas de fuego, frente al convencimiento de que son un eslabón clave de los hechos delictivos y la violencia que impera en distintos ámbitos.

Desde la Red Argentina para el Desarme, se señala que además de lo que ocurre con las armas en relación a los hechos delictivos, también inciden en tragedias que se producen en discusiones barriales, disputas entre bandas, peleas de jóvenes, violencia familiar, de género contra la mujer o suicidios, entre otros.

En el tema de las armas de fuego en manos de los civiles también hay que considerar quiénes son los poseedores de grandes cantidades y el destino que se les da a esos arsenales. Un mayor control de las compras y ventas puede llegar a determinar quiénes son los proveedores y las vinculaciones con la delincuencia.