Ganar la calle en busca de reivindicaciones sociales, reclamando derechos garantizados por la Constitución, es una acción justa cuando no se tienen respuestas inmediatas de las autoridades. Es la forma para que el pueblo se haga oír, y ese fue el principio de la convocatoria a la Marcha Federal que culminó con un marco multitudinario en la Plaza de Mayo, el viernes último.
Sin embargo estos propósitos fueron desnaturalizados por reclamos diferentes al rechazo al tarifazo, la desocupación y las medidas de ajuste proclamadas en principio por los organizadores, al irrumpir el kirchnerismo agazapado y subir al palco a los personajes que vienen amenazando contra la vigencia del Estado de derecho. La diversidad de los planteos políticos de izquierda destrozaron el espíritu de la marcha con consignas que le quitaron legitimidad como pedir la libertad de Milagro Salas, repudiar la destitución de Dilma Rousseff, o solidarizarse con Nicolás Maduro.
En realidad la marcha fue copada por unas 120 agrupaciones con clara intencionalidad ideológica, cada una defendiendo sus propias posiciones combativas, no ya a las autoridades gubernamentales legítimamente elegidas por decisión mayoritaria sino contra la propia democracia. Por supuesto que muchos dejaron de lado sus ideales para ganarse el vale de 300 pesos ofrecido por un municipio bonaerense a quien se sumara a la marcha. Otra de las facetas fue remediar también el fracaso de la anterior Marcha de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo, que buscaba aglutinar al arco opositor y solo logró reunir a un puñado de activistas y seguidores, casi todos procesados por corrupción por la gestión anterior.
Ha sido tan clara como contundente la medida de fuerza en el intento de reeditar las manifestaciones contra la última dictadura militar. La primera Marcha Federal fue contra Carlos Menem a cinco años de su gestión y ahora bastaron ocho meses para actuar contra el gobierno de Mauricio Macri, con movilizaciones y amenazas.
Por eso los reclamos no se compadecieron con los derechos de los trabajadores, olvidados durante mucho tiempo por este sector. Es más, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner nunca quisieron reconocer a la CTA de los Argentinos de Pablo Micheli, organizadora de esta Marcha Federal contra los principios republicanos.
