La violencia volvió a ganar la escena en el fútbol argentino. El lunes último, cuando los equipos de Lanús y Estudiantes jugaban un partido clave para las aspiraciones al título del primero, se desencadenó una serie de incidentes con trágicos resultados. Un hincha perteneciente a la barra y al gremio de Camioneros, murió en la tribuna y otro quedó gravemente herido en una gresca en la entrada al estadio Ciudad de La Plata.
El primer elemento a tener en cuenta frente a estos hechos es la impunidad de los violentos. Una cuota de responsabilidad recae en dirigentes de clubes y de la AFA como legítimos depositarios de la soberanía de los hinchas genuinos que los votaron, ya que deben permitir o no el ingreso de personas a los clubes, distribuir entradas y reglamentar lo permitido o no respecto al acceso a los estadios.
La admisión o no de una persona a una cancha de fútbol es una decisión de los dirigentes de los clubes respectivos, quienes no titubean ni echan tantas culpas cuando están en campaña política para que los voten. Otro responsable que alimenta este fenómeno perverso de la inseguridad alrededor del fútbol es el poder político y sindical por utilizarlos como fuerza de choque haciendo el trabajo sucio de aprietes, amenazas y demás. El anteúltimo actor fundamental que reproduce este flagelo es el Poder Judicial por su pasividad ante los desastres y su reacción tardía y sin sentido.
Más allá de las diferencias entre Inglaterra y nuestro país, con respecto al complejo entramado que rodea el accionar de los "hooligans" y los "barrabravas”, en aquel país fue fundamental el rol de los fiscales a la hora de la erradicación de los violentos de los estadios de fútbol. Por último, la Policía, que debe ser conducida dentro de lo que marca la ley, debe saber que orden no es represión.
Es hora de terminar con el denominado "aguante”: ese capital simbólico que sólo considera hombre a aquel que lo detente. Los hinchas se lo conceden a aquellos compañeros "que demuestren su saber físico en una lucha corporal contra las hinchadas rivales”, dice el antropólogo José Garriga Zucal en "Hinchadas”, un imprescindible libro de investigaciones compiladas por el sociólogo Pablo Alabarces.
El aguante, que engendra violencia y muerte, se ha privatizado gracias a los propios dirigentes de los clubes y a los referentes políticos que recurren permanentemente a sus servicios de protección y aprietes.
