La violencia es una fuerza destinada a sojuzgar a otros para el beneficio y la satisfacción del deseo de uno. Amenaza la existencia del otro y apunta a lograr que el otro ceda y se adapte a uno. Los otros dejan de ser semejantes y se transforman en instrumentos para usar o enemigos a los que hay que destruir.
Puede ser una respuesta de aquellos que se sintieron abandonados por una violencia familiar o social. Quienes fueron maltratados o sojuzgados buscan repetir la situación invirtiéndola. En los casos de violencia sexual, el eje principal no es el sexo, sino el control sobre el otro. No hay erotismo. Es un juego sádico de dominio. En la violencia escolar, los chicos reproducen en la escuela lo que pasa en sus casas. Vemos que los niños o adolescentes agresores han sido discriminados, burlados, rechazados y humillados también por compañeros de clase. Empiezan siendo víctimas, y se convierten en victimarios.
También hay formas insidiosas que se instalan como germen de violencia en nuestra sociedad. La arrogancia, la prepotencia, el doble discurso y el incumplimiento de reglas hacen que estallen focos de furia. Otras formas de violencia son la corrupción y la impunidad. Y eso nos violenta a todos. Sin embargo, pareciera que nos vamos acostumbrando a ellas. Pero frente a la violencia, aparecen la ley y las normas como reguladoras, y sin las cuales no existiría la comunidad. De la buena internalización de la ley dependerá la instancia psíquica que regula la inserción de los individuos en los grupos humanos, evitando los desbordes violentos.
Cuando el sujeto tiene la convicción de que la norma jurídica es buena en si misma, la asimila de un modo tal que no puede siquiera vislumbrar la idea de una posible transgresión. "Ley" en hebreo se dice "halajá", y significa "camino". Se trata de un camino para crecer y progresar. Si le cambiamos la letra hache de lugar, nos queda "alhaja". Ese es el valor de la norma. Una ley que proteja a todos y sea igual para todos; que proteja de lo arbitrario y del propio deseo. Sin embargo, no se trabaja lo suficiente en las escuelas con la incorporación de la ley, porque ésta quita privilegios, y el que los tiene no quiere perderlos.
Sin duda que todo aquello que se dirija a fortalecer, especialmente en los estratos sociales de más riesgo, la educación, los planes nutricionales y los planes sociales de inclusión será lo más eficaz, en el mediano y largo plazo, para mitigar y prevenir los efectos de la violencia en el país.
