En pleno Siglo XXI, en que la mujer ha logrado importantes avances vinculados a su condición social, no dejan de registrarse casos de violencia de género que retrotraen al pasado y que demuestran hasta dónde el hombre es capaz de conservar algunas estructuras mentales, que lo pueden llegar a convertir en un ser despiadado y peligroso.

Con llamativa frecuencia, en las comisarías locales se reciben numerosas denuncias por violencia de género, que en su mayoría no prosperan por decisión de las propias agredidas, que prefieren frenar el proceso para preservar la integridad de sus familias. Contrario a lo que se cree, esto no sólo sucede en hogares pobres donde el hombre suele ser el único que sostiene al grupo familiar, sino que también se da en familias con otros esquemas de integración, de mejor situación económica y con mayor nivel cultural.

Pero los casos más resonantes de violencia familiar o contra la mujer de los últimos tiempos, no sólo se ha dado ámbitos de familias con problemas de integración sino que ha tenido por objeto a jóvenes que transitan por la etapa del noviazgo, lo que preocupa en gran medida por lo prematuro que se están dando estas situaciones.

El relato de Carla Frías, la joven de Pocito que denunció una fuerte golpiza de su exnovio, presuntamente motivada por celos del agresor quien ya la había amenazado previamente, es casi idéntico al de la marplatense Victoria Montenegro, caso que tuvo trascendencia a nivel nacional. En ambas situaciones las chicas quedaron al borde de la muerte y esto hizo que tomaran conciencia sobre la necesidad de denunciar el hecho.

La violencia que puede sufrir las mujeres son los malos tratos de tipo físico, emocional y psicológico, sexual, económico, social y ambiental.

En teoría, en la actualidad, las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, pero en la realidad, siempre prima la ley del más fuerte y es así que siguen siendo más usuales los casos de violencia por parte de los hombres. Generalmente es el hombre que golpea a la mujer y también en general a los hijos, habiendo algunos pocos casos en que la situación es a la inversa. De todas formas este tipo de violencia es repudiable en todos los aspectos, especialmente porque se ejerce aprovechando la debilidad tanto física como psíquica, esta última muchas veces provocada por los lazos afectivos que se establecen y que no se quieren traicionar.