El juego infantil no desapareció sino que encontró nuevos soportes tras el mismo objetivo: explorar, ensayar y elaborar conflictos, originando diferencia entre géneros. Las niñas eligen juegos de simulación de la vida adulta, como cuidar, diseñar o administrar recursos, mientras que los niños buscan magnificar sus capacidades a través de juegos de estrategias y aventuras, descubrir trucos, autosuperarse o sortear la sensación de pérdida.
Éstas son algunas de las conclusiones del estudio cuanti-cualitativo "Kids Experts", encargado por Turner Internacional, dueña de señales infantiles de televisión. Según la consultora británica Kzero, especializada en universos virtuales desde 2006, hay casi 2.000 millones de usuarios en el mundo de estas plataformas de juegos, de los cuales unos 1.300 millones tienen entre 5 y 15 años. El 8% de los usuarios de 5 a 10 años, y el 15% de los usuarios de entre 10 y 15 años están en América Latina. En total, hay en el mundo 850 universos virtuales de distintas temáticas, idiomas y públicos.
En Argentina, la demanda infanto-juvenil comienza a impactar también en el sector de la animación. Hoy, la tecnología atraviesa todo lo que hacemos y se volvió un agente de socialización. Redes sociales y mundos virtuales que comenzaron como lugares de entretenimiento se convirtieron en medios masivos de comunicación cambiando las maneras de pensar, decidir y actuar. Los preadolescentes tienen hoy nuevas plataformas recreativas para comunicarse y construir su identidad.
Sin embargo, estos universos virtuales deben tener moderación no sólo de contenido, sino de tiempo de exposición. Estos universos virtuales apoyan y complementan las actividades sociales y de formación de los niños. Por ejemplo, son parte de grupos o comunidades con las que se identifican, y ganan "dinero virtual" y tienen que aprender a decidir cómo gastarlo. Los juegos mediados tecnológicamente ayudan a desarrollar tanto habilidades cognitivas como sociales, fundamentales para las exigencias que tendrán cuando crezcan.
Les corresponderá a los adultos pues, no sólo observar la vida virtual de sus hijos, sino también corregir lo negativo, orientar y promover lo positivo que a través de la red ayude a potenciar las facultades superiores de niños y adolescentes.
