El aviso de Obama es uno de los más deshonestos intelectualmente que he visto en mucho tiempo. Y la respuesta defensiva de Romney de que "’el presidente Obama es el verdadero campeón de los que transfieren empleos al extranjero” es igualmente patética.
En realidad, tanto Obama como Romney apoyan el "outsourcing”, una práctica por la cual las multinacionales manufacturan productos o partes en otros países porque les resultaría muy costoso hacerlo en casa. El "outsourcing” no sólo es una necesidad en la economía global, sino que además en muchos casos ayuda a la economía de EEUU al hacer que sus exportaciones sean más competitivas en el exterior, y permitir que los consumidores estadounidenses paguen menos por muchos productos. Las opiniones en contra del "outsourcing” por parte de políticos -incluyendo legisladores que ponen el grito en el cielo porque los uniformes olímpicos de EEUU han sido fabricados en China- son medias verdades, o mentiras. Por el contrario, varios estudios demuestran que el principal motivo por el que las multinacionales invierten en fabricas en otros países no son los bajos salarios, sino la proximidad a los mercados externos.
Casi el 95% de los consumidores del mundo están fuera de EEUU, y las empresas necesitan estar cerca de ellos para reducir costos de transporte y adecuarse al gusto de esos consumidores. "En general, las empresas estadounidenses no invierten en el exterior para exportar productos o servicios de regreso a EEUU. Casi el 90% de los productos y servicios que estas empresas producen en el exterior son vendidos en el exterior”, señala el economista Raymont Mataloni, de la Oficina de Análisis Económico de EEUU. La mayoría de las inversiones extranjeras no van a países de bajos salarios, sino a países ricos. Si los bajos salarios fueran la razón, Haití estaría lleno de plantas fabriles. Pero no es así: el 72% de las inversiones extranjeras directas de EEUU el año pasado fueron a Europa, Canadá, Japón, Australia y Singapur.
Si EEUU quiere seguir siendo un gran exportador de aviones y autos, por ejemplo, necesitará ampliar -y no reducir- sus cadenas de abastecimiento en México y Canadá. Y le puede convenir más fabricar aviones que camisetas deportivas. "Aunque nuestros atletas marchen por la pista del estadio olímpico de Londres con uniformes hechos en China, y agitando sus banderas estadounidenses hechas en China, lo más probable es que los atletas chinos hayan llegado a Londres en aviones fabricados en EEUU”, dice el economista Daniel Ikenson, del Instituto Cato.
