El terremoto que asoló a Nepal, el 25 de abril último, de casi 9 grados Richter y con una réplica de 7,3 el martes último, es una de las catástrofes naturales más destructivas de las últimas décadas, con al menos 8.461 muertos, unos 16.808 heridos y cerca de medio millón de edificios destruidos, entre la sucesión de movimientos que se siguen produciendo. Las consecuencias son también apremiantes y, sin una ayuda urgente de la comunidad internacional, la secuelas se convertirán en una de las peores tragedias humanitarias de los últimos tiempos.
El movimiento sísmico de Nepal fue el de mayor magnitud en la zona en 80 años y el peor en la región del Himalaya en una década, desde que en 2005 un terremoto asoló Cachemira con centenares de miles de víctimas. Este azote social con pérdidas de vidas y daños en infraestructura que impiden la provisión de servicios vitales, ha lanzado un pedido urgente de las Naciones Unidas para atender la crisis humanitaria.

Según la ONU si bien hubo una pronta reacción internacional durante las horas siguientes al sismo, el nivel de fondos recibidos indica que el brote de solidaridad está disminuyendo, en el momento en que es esencial fortalecer las tareas de socorro. Hay 294 organizaciones trabajando en 64 de los 75 distritos de Nepal para asistir a los afectados por el desastre, pero se necesita más apoyo para continuar la tarea solidaria.
El valle de Katmandú, una de las zonas epicentrales, tiene réplicas diarias, por lo que gran parte de la población permanece en las calles ante el temor a que se derrumben los pocos edificios en pie, mientras un millón de sobrevivientes busca refugio en otros lugares, pero las tiendas de campaña se agotaron mientras se aproxima la época de lluvias del monzón.