Vino casero, una tradición que sigue Roberto Chirino.

En las zonas rurales se nota más las costumbres familiares que atraviesan los tiempos y pasan de generación en generación. Una de ellas es el elaborar vino casero. Se trata de una actividad difundida desde hace miles de años, que incluso tiene gran importancia en los relatos bíblicos. En San Juan, uno de esos lugares donde se trabaja es en la localidad de La Chimbera, departamento 25 de Mayo, donde existen antecedentes desde fines del siglo XIX, cuando comenzaron a poblar estas tierras los inmigrantes, en su mayoría españoles. Otros más acá en el tiempo, a mediados del siglo XX, en pleno apogeo de los viñedos y bodegas de una de las zonas productoras de San Juan. Eran tiempos en que las familias hacían el vino para su propio consumo, no para vender. Luego hubo una etapa de décadas en que hacer vino en casa era un delito. Todo hasta que hace ya algunos años, con la supervisión del INV, habilitación municipal, entre otros requisitos. Por lo tanto se puede elaborar el vino casero tinto, blanco y rosado hasta 4.000 litros, artesanal desde 4.000 a 12.000 y más de esa cantidad ya es considerado industrial. Así lo cuenta, Roberto Iván Chirino Gómez, un emprendedor de 47 años, que trabaja en el campo con su familia y lleva esta vocación en la sangre, desde hace décadas. Cómo será la arraigada tradición familiar, que hasta el vino casero que elabora le dio el nombre de "Balbina”, como su abuela. Roberto cuenta que en épocas lejanas, allá por la década de 1940, se estilaba guardar bajo tierra, damajuanas de 20 litros. La idea era que ese vino sea degustado en eventos familiares especiales como cumpleaños de 15 y casamientos, por eso se protegía de esa forma de la luz y otros elementos de la naturaleza hasta la fecha señalada.

En el proceso de elaboración del vino casero trabajan diez personas. Se inicia cuando la uva está en un punto enológico con el grado preciso que sea apto para la elaboración. Se corta y se selecciona la uva. Se utilizan máquinas que proveyó el INTA como la moledora, llenadora, tapadora, la prensa. Se muele, se deja en tachos, en un pequeño recinto está a una temperatura de 18 ºC, durante toda la fermentación. Luego se prensa y se deja en "crianza” durante 6 meses hasta que llega al punto óptimo del vino que se pretende. 

Roberto comenta que en épocas de sus abuelos, el vino lo elaboraban debajo de una higuera. Lo hacían en bordelesas. Pero en estos tiempos, se ha llegado a la conclusión de que no es aconsejable, porque la bordelesa, que es de madera, se contamina. En cambio ahora, se usan tachos de acero inoxidable.

El sueño de Roberto como de otros emprendedores es seguir ofreciendo sus vinos, no solo entre sus vecinos, sino también entre los visitantes que suelen pasar por 25 de Mayo. "Es una forma de promocionar nuestro departamento y el trabajo de su pueblo”, sentencia.

 

Por José Correa
DIARIO DE CUYO