
Escribir sobre la tradición argentina se hace fácil sólo pensando en la gran obra literaria gauchesca que José Hernández publicaba por aquel 1872. Hernández fue un autodidacta en el arte de las letras, también tuvo una intensa labor militar, en un momento en que unitarios y federales se enfrentaban buscando darle forma al poder estatal. Defendió las autonomías provinciales ante el poder centralizado de Buenos Aires, fue soldado en varias batallas en ejércitos de Urquiza y del caudillo López Jordán. Sufrió el exilio durante la presidencia de Sarmiento por razones lógicas de distintos pensares.
Luego de su regreso comienza una labor de resistencia literaria que tiene su punto máximo en 1872 con la publicación de "El gaucho Martín Fierro", obra épica escrita en verso donde un gaucho habla en primera persona de su vida de campo, de sus avatares por ser un hombre libre ante un estado empeñado en reclutar personas para luchar contra los indios y extender las fronteras internas.
Martín Fierro se convirtió en el libro fundacional de la literatura gauchesca y en una de las obras maestras de la literatura argentina, internacionalmente reconocida. Pero no veo necesario quedarse ahí en esto de hablar de las traiciones argentinas, me viene a la memoria la imagen de un verdadero gaucho que pudieron ver mis propios ojos en Pocito, hablo de don Segundo Reta, de profesión carrero. Su atuendo lo constituía una bombacha de campo, alpargatas, rastra de cintura, camisa, pañuelo al cuello y sombrero.
Don Segundo vivió al lado de la casa de mis padres, durante su vida trabajó con su carro acarreando ripio y arena, comprando las uvas de las pérgolas de las casas de la Villa Aberastain, como no podía ser de otra manera era cantonista y cuando comenzaba a perderse el sol en las Sierras Chicas de Zonda, "A la oración", cantaba tonaditas antiguas despidiendo el día.
Aquel gaucho real que vieron mis ojos fue acorralado por la famosa modernidad, lo cercó el asfalto, lo aturdió el ruido de los motores de los autos y camiones, es decir que sufrió en su propia piel las cosas que hoy nosotros, pobres ilusos, creemos mejores que la simpleza de la vida en familia como lo hizo él hasta el último día de su vida. ¡Viva la tradición argentina!
Por Tec. Osvaldo Olmo Gómez
Profesor Enseñanza Nivel Medio
DNI 16.160.527
