Más de veinte escuelas bonaerenses se encuentran ocupadas por los alumnos en una toma deliberada y en reclamo de intereses legítimos como son una mejora en la infraestructura escolar en el nivel de enseñanza-aprendizaje. También exigen becas para poder continuar con sus estudios, mayor seguridad dentro y fuera de los colegios como así también medidas de higiene óptimas

No es, sin duda alguna, éste el punto de la controversia sino la forma estratégicamente planificada que excede la capacidad operativa de los alumnos y nos lleva a pensar en organizadores fantasmáticos que esconden tras la protesta fines netamente político, desestabilizadores y que crean un singular caos en el ámbito educativo estatal, ya bastante agredido en estas épocas.

Cuando el conflicto emerge es expresión de algo más que un problema circunstancial. Siempre conlleva una argumentación ideológica fuertemente marcada por la conveniencia de grupos sediciosos. No es una rebeldía menor, es un contagio de energías negativas que como un reguero de pólvora enciende los ánimos y en vez de serenarlos para visualizar la realidad del problema lo agita, lo transforma y a veces puede convertirlos en hechos trágicos. Así como la ausencia planificada que organizaron meses atrás y finalizó con enfrentamientos de cierta dimensión, la toma de 27 escuelas no puede pasar inadvertida para el gobierno escolar, para los docentes, para los alumnos y los padres, más aún para la sociedad toda.

La enseñanza pública y gratuita pesa sobre los ciudadanos que honestamente pagan sus impuestos y sostienen el sistema educativo argentino, pero los jóvenes nutridos de pensamientos extraños suponen que la vida es quizás una vidriera de vanidades donde el esfuerzo, la perseverancia y el estudio son sólo accesorios. Quienes hemos hechos de la docencia el sentido de nuestra vida observamos con pena la pérdida de recursos en mentes que no podemos cambiar porque una inusitada rebelión nace en el pecho de quienes todo lo tienen sin meditar en otros, los más necesitados y los más silenciosos. Así empezaron los grandes movimientos revolucionarios con la toma de universidades y aunque reconozcamos que hay falencias, estos corazones juveniles en ebullición deben aquietarse y lograr una mediación serena, un acuerdo en el que seguramente saldrán exitosos y no heridos.

La palabra si es diálogo lleva consigo un puente de luz y una capacidad intima para escuchar; cuando es discusión desordenada, arenga desenfrenada, gritos y golpes se llega a extremos donde la incertidumbre reina y es imposible la conquista de lo bueno y valioso.