Pablo llevó el evangelio al mundo intelectual griego, en Atenas dialogó con epicúreos y estoicos, las dos escuelas filosóficas más importantes en ese tiempo; lo llevaron al Areópago para escuchar su doctrina, muchos que no estaban preparados para escuchar esa revelación se fueron, pero otros se convirtieron, entre ellos Dionisio Areopagita y una mujer, Damaris. Aunque fue un grupo reducido se logró la vinculación de la filosofía griega con el cristianismo. Desde esa filosofía era posible la apertura a la fe. Se cree que en el siglo V un teólogo desconocido usó el seudónimo Dionisio Areopagita, se lo llamó seudo Dionisio lo que permitió no confundirlo con el miembro del Areópago ateniense; es la opinión generalmente aceptada, aunque hubo una discusión sobre la identidad de ese autor, si era o no el convertido por Pablo en Atenas; sus escritos se conocieron en el siglo V con el nombre Dionysius.
En ese siglo convulsionado por la discusión ideológica buscó la verdad, "No quisiera hacer polémica; hablo simplemente de la verdad, busco la verdad" (7ª Carta). Descubierta la verdad desaparecen los errores, al mismo tiempo eso lleva al diálogo desde la verdad. La teología de ese autor significó otro encuentro de la filosofía griega y el Evangelio, el pensamiento griego que el seudo Dionisio utiliza a favor del Evangelio se cree que lo obtuvo de la obra de Proclo, escrita en la época del platonismo tardío (siglo V). El seudo Dionisio usó un pensamiento pagano que consideraba divinidades a las fuerzas cósmicas, de modo que en un cosmos deificado el hombre podría encontrar la divinidad; pero lo usó para transformar la explicación politeísta del universo, en un Cosmos creado por Dios.
El cambio consiste en que ya no se considera divinidades a las fuerzas cósmicas misteriosas, cuya multiplicidad se expresa en un politeísmo; ahora la armonía del Cosmos es un reflejo del Dios único y personal. Esta armonía analizada desde la fe, manifiesta una alabanza al Creador, no pueden ser múltiples divinidades sino criaturas, reflejos de la belleza del Creador. En esa teología la armonía del Cosmos alaba a Dios, en la alabanza se encuentra a Dios; no en una divinización de las criaturas, sino en una alabanza incluso litúrgica, de las criaturas a Dios. Esa liturgia se considera un modo de sumarse naturalmente a la gran alabanza cósmica de la criatura al Creador. La armonía cósmica es creada y su dimensión eminente es realizar la alabanza a Dios. Los himnos de la liturgia son un modo concreto de esa alabanza.
La transformación del platonismo, vinculada al politeísmo en Proclo, tuvo otra transformación en el seudo Dionisio, utilizando los elementos del platonismo modificado, para nuevamente modificados, expresar la revelación del Dios único y personal en Cristo. En el platonismo modificado de Proclo el Cosmos tiene fuerzas misteriosas consideradas divinidades, en la teología litúrgica las fuerzas cósmicas y toda criatura reflejan el poder creador de Dios a quien alaban. Esa teología además de ser litúrgica, cósmica, tiene una dimensión personal, la mística, que adquiere un significado nuevo; antes significó lo relativo al misterio, al sacramento, desde entonces significa el camino interior hacia Dios.
Otro aspecto de esa mediación entre filosofía griega y Evangelio es la llamada teología negativa; consiste en advertir que los conceptos de la filosofía o del pensar humano nunca alcanzan totalmente la grandeza de Dios, prestan su utilidad pero hay que comprender que no pueden entender en plenitud el ser de Dios, lo infinito excede la inteligencia humana. Hay sin embargo imágenes que nos muestran la verdad, y puede decirse más fácilmente lo que no es Dios; esa forma negativa de la teología nos muestra los límites del entendimiento frente al infinito, y nos pone en el camino adecuado para encontrar el rostro de Dios que es Cristo, conociendo a Cristo se conoce a Dios; las ideas filosóficas no pierden su fuerza frente a esta verdad, aportan un fundamento racional y un modo de entender la proximidad de Dios en Jesucristo.
