El manejo de cuantiosas sumas de dinero en efectivo fuera del sistema financiero y con los recaudos fiscales y bancarios correspondientes, es un grave delito porque se trata de una riqueza proveniente de ilícitos como el narcotráfico o de maniobras en el saqueo de recursos del Estado mediante la corrupción sistemática, como viene investigando la Justicia en nuestro país.

Volcar millones de dólares al circuito legal o ‘lavado’ de dinero puede contaminar o desestabilizar los mercados financieros y, de esta manera, poner en peligro los cimientos económicos, políticos y sociales de cualquier país, en especial de aquellos cuyas economías son débiles o no tienen una democracia fortalecida para frenar la ilegalidad de manera contundente.

Por eso el impacto causado por las imágenes de un individuo introduciendo voluminosos bolsos a mano alzada con cuantiosas sumas de dinero en un edificio poco convencional, como también la sucesión de hechos que involucran a exfuncionarios de gobierno que acumulan sumas de dinero que ningún trabajador estatal podría atesorar durante toda su vida activa en el ámbito político.

Se cuentan de millones de dólares y aunque la justicia investigue, indague e interrogue al respecto, como así también busque fuentes documentales que de alguna manera justifique el semejante acopio de dinero, la lógica termina por calificarlo de ‘lavado’, en este caso una maniobra perversa maniobra de delincuentes aprovechándose del poder.

En la práctica, Argentina en los últimos años, ostensiblemente ha sido víctima de este fenómeno y por consiguiente sus herederos condenados, el pueblo con sus mil y una necesidades. De esta manera, el dinero de origen sucio o inexplicable obtenido de transacciones mal habidas y por ende ilegales, van por fuera de los canales de uso corriente.

De la interminable lista de imputados, procesados o culpables, es de esperarse una condena y reprensión ejemplificadora, pues no se trata de ideologías, bandos, fracciones o fuerzas políticas, sino que se trata de la dignidad misma de nuestra Nación. Ocurra lo que ocurra, este asunto promete caldearse cuando finalmente llegue a sentencia final.

Recordemos que los observadores más interesados están entre los ciudadanos que califican día a día con el sudor de la frente, como calificaron también en méritos dándolo todo a cambio de nada nuestros próceres. Por todo ello la primer sentencia condenatoria ya está emitida por el pueblo.