El empaque hoy, mañana una cámara frigorífica o nuevas líneas productivas no son solo opciones del mercado sino ante todo una necesidad estratégica de las Pymes. Esto es así porque desde hace tiempo el juego de los mercados tiende a reducir la tasa de ganancia comprometiendo la existencia misma de las unidades productivas regionales.
La producción Pyme tal como se encuentra hoy posicionada, no tiene control sobre determinadas variables de la economía y eso junto a la inestabilidad contribuye a su vulnerabilidad lo que se ve reflejado en el conjunto social. El mejor ejemplo de este fenómeno es la marginalidad masiva que crea la temporalidad del empleo, consecuencia de la baja de los niveles de producción.
De la debilidad del sector hablan los hechos por si solos: en el caso del ajo los empaques solo pueden procesar un tercio de la producción, y si se considera la uva para pasa no hay capacidad para el tratamiento de los volúmenes disponibles, desaprovechando el capital productivo de la zona y generando un desempleo que no es abordado apropiadamente. Es prácticamente inviable comprometer el procesamiento de una mayor producción porque los establecimientos no están en condiciones de realizar las inversiones necesarias para garantizar trabajo todo el año, y este es el punto neurálgico, porque crea una alta movilidad de la mano de obra. Operarios que entran y salen de la actividad, trasladándose de una empresa a otra tratando de optimizar los recursos que les permiten afrontar la crianza de sus hijos y el sostenimiento del hogar.
Si el contexto le brindara a la empresa condiciones para modificar la temporalidad del trabajo, estabilizar el empleo, y mantener operarios que reúnen conocimientos de los procesos y los parámetros de producción que se manejan, se estaría en camino de recomponer la dinámica de crecimiento de estos establecimientos, y avanzar en el ciclo de innovación, inversión productividad y ganancia.
Recomponer este ciclo le permite además al Estado la captación de recursos de la actividad económica, pero para que esto se de la empresa debe reunir niveles de competitividad y productividad, que en estos casos depende de quebrar la temporalidad del trabajo que ofrecen los establecimientos empacadores.
Hay una articulación lógica entre lo que demanda el operario, las familias y las necesidades de los empaques regionales.
La inestabilidad laboral afecta su proyecto de vida, estudio, familia. Los individuos para poder planificar necesitan saber que opciones existen y lo único que perciben es incertidumbre.
La posibilidad de éxito o fracaso tanto de los sujetos como de las empresas no depende solo de capacidades personales, sino de las prioridades que fijan los gobiernos las cuales condicionan el contexto del que son parte tanto individuos como empresas.
Históricamente el rol de la empresa ha sido producir, pero el aspecto social incide en las planificaciones y en las decisiones de la empresa, por ello no puede ignorar los cambios que la sociedad manifiesta porque estos no solo van a incidir en su crecimiento sino en el desarrollo de la comunidad que la contiene.
La esfera de la familia se ve afectada por la temporalidad del trabajo, y este es uno de los factores que condiciona la capacidad productiva de organizaciones como los empaques. Por ello es imposible ignorar este proceso que viene también a replantear el rol de la empresa. Estratégicamente se debe plantear como compatibilizar sus necesidades con la de los hombres que conforman su fuerza de trabajo, Y una de los primeros aspectos a tener en cuenta es que gran parte de su mano de obra esta constituida por mujeres que en su mayoría son cabeza y único ingreso de hogares monoparentales. Para ellas la temporalidad no es solo discontinuidad en los ingresos, sino también una percepción del futuro de sus hijos a través del temor y la incertidumbre. La inestabilidad laboral tiene efectos traumáticos, porque afecta la escolarización de los menores de la familia que deben contribuir al sostenimiento del grupo sumándose al sector informal de la economía.
Esta dinámica social obliga a la empresa a replantear la productividad y percibirla como resultado de la inclusión de nuevos procesos, personas y actividades, porque como está estructurado el ciclo del trabajo no funciona ni para los empaques ni para la familia.
Y este es el gran desafío: crear una disposición empresarial al cambio. Ahora, también se debe ser consciente de que cualquier modificación no es algo que se pueda llevar adelante aisladamente, se necesita trabajar asociadamente con áreas como por ejemplo economía, educación y salud de modo de potenciar los resultados que la institución pueda conseguir individualmente.
Se trata de un proceso en que cada parte aporta un producto distintivo pero cuya suma fortalece a la estructura social. La empresa como factor productivo y la educación y la salud como áreas dentro del empaque ayudando en la sostenibilidad del empleo.
Es el capital institucional y el capital humano del empaque, articulados en la resolución de estas problemáticas que es la temporalidad del empleo.
