El hombre no está preparado para la adversidad y al no estarlo vive como una sorpresa cada hecho desfavorable que toca a otros. No es una cuestión que afecta sólo lo individual, por el contrario, puede tocar a muchos e introduce cambios que van mucho más allá de lo cotidiano.
La faz de lo conocido puede cambiar. Llegan variantes inimaginables que afectan la vida, las costumbres y los hábitos de miles y miles de personas y, por lo tanto, de miles de familias.
Lo más cercano en el tiempo fueron el terremoto de Chile y las inundaciones en Brasil, hechos que afectaron las vidas de millones de personas de países hermanos y vecinos y que demuestran que la línea entre la normalidad y la adversidad es invisible.
Río de Janeiro, la atractiva capital carioca, el día 7 de este mes quedó sumida en el más absoluto caos después de un temporal que duró 17 horas. Quedó cubierta de lodo y espanto, según dijeron las agencias informativas internacionales.
Fue el peor temporal que Brasil vivió en los últimos cuarenta y cuatro años. Los rescatistas que empezaron a trabajar bajo la lluvia habían contabilizado a las pocas horas 102 muertos y 106 heridos.
Conocidos estos datos, uno se pregunta si la adversidad tiene alguna consecuencia positiva. Debería tenerla puesto que grandes hombres de la humanidad lo admitieron con expresiones muy claras.
Federico II el Grande (1712-1786) Rey de Prusia dijo que… "cuán sabios, comedidos y apacibles nos hace la escuela de la adversidad. Es una terrible prueba, pero una vez superada resulta útil para todo el resto de la vida".
Pero mucho antes el filósofo latino Lucio Anneo Séneca (4 a.C. 65 d.C.) opinó que "sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo".
Los tiempos han cambiado, el hombre moderno se siente más seguro hasta que la adversidad golpea las puertas del vecino como sucedió con Chile y Brasil. Y, es posible, que las sensaciones de estupor que sintió en esos momentos, duren poco.
¡Es la vida! dirán muchos de aquellos que no se les ocurre ponerse imaginativamente en el lugar de otro. Sucede que el hombre nunca prevé la desgracia para sí y ello no es reprochable porque de lo contrario sería muy difícil actuar con naturalidad en su vida cotidiana.
Se trata de catástrofes, de sucesos que por lo infausto alteran gravemente el orden regular de las cosas. Se trata de hechos tan infaustos que cambian la vida y tal vez la forma de pensar sobre hechos fundamentales.
Se trata de hechos imprevistos que esperan al hombre en cualquier parte del camino. Se trata, en definitiva, de acontecimientos en los que no se piensa como posibles para uno mismo.
Algunos, al hablar de hechos imprevistos, mencionan al destino o a la predestinación pero son campos difíciles de indagar , porque pertenecen más que nada al campo subjetivo.
El Diccionario de Sinónimos de la Lengua Española, que dirigió José Manuel Blecua, dice al hablar del destino que cuando se hace referencia a él se infiere que "hay un encadenamiento inevitable de sucesos, que a veces se considera como una fuerza desconocida que actúa sobre los hombres y sobre los sucesos".
Por lo que vemos cuando se recurre al significado de las palabras se aborda un mundo tan fértil, completo y profundo, que es capaz de cambiar las viejas ideas por sentimientos inesperados. Por ello, las palabras conforman un universo que precipita a la indagación.
Al comentar sobre la adversidad, se llegó a otros puertos dialécticos, imposibles de ocultar, Presumimos que todos esos caminos conducen al hombre porque en él está activo lo que se ha vivido y lo que se vivirá.
¡Un privilegio que da la vida!.
