Si hay una palabra autorizada para hablar de pobreza en la Argentina, esa es de la Iglesia Católica por su relación directa con el necesitado a través de Cáritas, cuya colecta anual realiza hoy en favor del indigente. También por el relevamiento puntual del Observatorio para la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina (UCA). Pero atender al desposeído no es una cuestión estadística ni metodológica para encontrar a quienes están por debajo de la línea de la desesperanza.
Como ha señalado el presidente del Episcopado argentino, monseñor José María Arancedo, "el pobre es una persona y eso lo convierte en un tema evangélico. Entonces ponernos a discutir números y chicanas es alejarnos de la persona que necesita concretamente”. Que sin duda es lo urgente, aunque también es imprescindible disponer de estadísticas confiables para elaborar programas destinados a los que sufren y, en definitiva, como aporte a una planificación nacional en materia social.
La cuestión se centra en la subjetividad política existente en la lucha contra el hambre, en principio, y para considerar otra problemática más tangible que hoy preocupa a la Iglesia: el avance de los nuevos rostros de la pobreza, que demandan más que comida y vestimenta. Al respecto, el titular de Cáritas, monseñor Oscar Ojea, dijo que junto con la comida debe incluirse la falta de vivienda, las adicciones, la trata de personas, las nuevas formas de violencia -como la que se observa dentro de las familias- y la oferta y demanda del narcotráfico, considerando además la repercusión que tiene todo esto en los jóvenes.
El avance de estos nuevos rostros de la pobreza que demandan, además de comida y vestimenta, otras soluciones mientras se discuten números que tampoco existen, porque el Indec no cuenta con cifras oficiales desde hace un año y medio, cuando el cuestionado Instituto cifró la tasa de pobreza en el 4,7% y la de indigencia en el 1,5%, que es una afrenta al desamparado. Incluso el propio director del Indec, Norberto Itzcovich, puso en ridículo la comparación de la pobreza entre Argentina y Alemania que hizo el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, cuando trató de justificar las afirmaciones de la presidenta de la Nación ante la FAO.
Hoy lo que se necesita en el país es atender al careciente -uno de cuatro argentinos como lo señala la UCA-, haciendo realidad el lema de la colecta de Cáritas, "Todo lo que se comparte se multiplica”, aludiendo a un dicho del Papa Francisco durante el encuentro con la juventud en Brasil.
