Lejos de suponer que el impulso tecnológico y los avances científicos han mejorado y extendido las expectativas de vida, se ha determinado un estancamiento en el índice de desarrollo humano en el mundo. Los principales objetivos trazados en países y regiones se han frenado como consecuencia de los desequilibrios económicos y otros factores y esta ralentización hunde en la pobreza a 2200 millones de personas.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de alertar sobre una persistencia de vulnerabilidades que erosionan las condiciones de vida por la ausencia de políticas para un desarrollo humano sostenible. El índice surge de cruzar datos sobre mortalidad infantil, nutrición, escolarización y acceso a saneamiento, electricidad, alojamiento y agua potable. En el Informe de Desarrollo Humano 2014 señala que más de 1500 millones de personas sufren pobreza multidimensional en 91 países en vías de desarrollo por privaciones en las áreas de salud, educación y servicios básicos.
Entre ellos, 842 millones padecen hambruna crónica, un 12% de la población mundial. Igual cantidad de trabajadores, o la mitad de la fuerza laboral mundial, tiene trabajo informal o precario, o es parte del 80% de la población global que carece de sistemas previsionales y seguro de desempleo.
El retroceso o paralización son consecuencias de las crisis financieras, las fluctuaciones de los precios de los alimentos, o incidieron los desastres naturales y los conflictos sociales y políticos con actos violentos que repercuten en la comunidad. Ante esta situación, el PNUD defiende el acceso a servicios básicos de protección social tanto en los países ricos
como en aquellos en vías de desarrollo, a fin de aumentar la resistencia de los grupos de población más vulnerables frente a los factores negativos.
También reclama a los Gobiernos de todo el mundo que recuperen el objetivo del pleno empleo, una estrategia habitual en las agendas macroeconómicas de las décadas de 1950 y de 1960 y abandonada tras las crisis del petróleo de los años 70, según el remarca el documento del programa de las Naciones Unidas.
Es un retroceso, según del país o región, donde han sido determinantes las crisis financieras, las fluctuaciones de los precios de los alimentos, o han incididos los desastres naturales de magnitud y los conflictos sociales y políticos con desenlaces bélicos que repercuten en la comunidad y principalmente en los grupos más vulnerables.
